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viernes, 27 de abril de 2012

Camino de Santiago 15ª etapa

Hoy es viernes 27 de abril y comienza para muchos el puente del 1 de mayo, que afortunadamente puedo disfrutar. Y que mejor opción que seguir el camino de Santiago y aprovechar estos días para recorrer algunos kilómetros más.
Como dice el refrán: " El hombre propone y Dios dispone"...nunca mejor dicho. Aunque llevaba planificada mis etapas, a veces surgen cosillas que una no se espera, pero bueno, que se le va a hacer. Todo peregrino sabe que el camino a veces se hace cuesta arriba.
Esta etapa debería haber sido la 17ª, pero por motivos de enlaces con autobuses y del tiempo me dispongo a cambiar el orden de algunas etapas, es la mejor opción que tengo para poder correr al menos tres días.
Salgo hacia Aldea del Cano en coche a las 3 de la tarde. El día está muy nublado e incluso a veces llueve. Llego al pueblo sobre las 5h. He decidido dormir en el albergue del pueblo. Para mi sorpresa, cuando llego no tengo que pagar. Resulta que unas francesas han pagado y se han ido, no les gustó el sitio, y me dan uno de sus tickets. En el albergue hay ya varias personas y sólo dos camas vacías, una la pillo yo y la otra la coge un chaval que llega después.
Dejo las cosas y me preparo para hacer la etapa de hoy. Si no tardo mucho cogeré el bus de vuelta a las 19,35h. que pasa por Valdesalor, pueblo donde se hallará la meta de hoy.


El camino se hace muy fácil porque prácticamente es llano todo el recorrido. Hay algunos pequeños charcos, pero sin importancia. El clima perfecto porque no hace calor y se va muy bien corriendo. se me olvidó coger mi bote de agua y no podré beber nada hasta que no llegue al pueblo.

Paso por varios campos con rebaños de ovejas y me ladran de lejos y dentro de las fincas los dichosos perritos. Voy tranquila porque están dentro. Lo que no me esperaba fue cuando un perro enorme me salió al sendero a ladrarme con todo su genio. El perro tipo mastín era enorme y tuve que pararme para no pasar por su lado corriendo y evitar así que de un bocado me quite la celulitis de una de mis piernas o quizás de las dos. Cojo un palo grande; (tal y como aconsejan en las web del camino), para intimidar un poco. dió resultado, pues aunque seguía ladrando no se acercó a mí.
Cuando me alejo unos metros de él, sigo corriendo a mi ritmo.
Al poco tiempo se ven las primeras casas de Valdesalor y ya sé que voy a cumplir de nuevo una etapa.






Cerca del pueblo hay un puente precioso con calzada romana. Parece que estoy metida en una maqueta, correr por él me transporta a siglos pasados y no puedo dejar de pensar la cantidad de personas diferentes que habrán cruzado y pisado las mismas piedras que ahora piso yo.

Llego finalmente al pueblo y busco un bar para tomar un café y beber agua. La tarde se ha enfriado mucho, y se ha puesto muy oscura, parece que va a caer el diluvio. Me abrigo y busco un bar.
Por lo visto hay dos, pero ninguno de ellos está abierto.
Veo que el ayuntamiento está abierto, a pesar de ser las 18,20h de la tarde. Entro para preguntar y asegurarme sobre el autobus que pasa por las tardes. La chica que me atiende, no tiene ni idea. Y tampoco en la parada, fría y congeladora, existe ningún cartel que indique los horarios. Bueno sí, para no ser mentirosa, hay un cartel con los horarios pero está medio arrancado y lo poquito que queda ya de él está comido por el sol. ¡En España siempre informamos de lujo!
Sin café y sin información me siento en la desolada parada a esperar que el reloj marque las 19,35h.
Ni que decir tiene que en más de una hora allí esperando me dió tiempo a estirar, a pensar, a cantar, a llamar por teléfono, y a aburrirme de lo lindo. A también y muy importante a morirme de frío. Las uñas las tenía moradas, ya no sabía en que postura sentarme, el frío era horroroso.
No me desespero mucho, la verdad, porque "sana con gusto no pica", y tampoco consiento a mi cabeza en esos momentos que me desmoralice y me quite la "felicidad" que siento de poder estar allí, de poder estar durante el finde haciendo lo que quiero hacer,... correr.
Dice un salmo "Hay tiempo para todo, tiempo de espera, tiempo de recibir, tiempo de cosechar, tiempo de segar..." Y yo intento aplicarme esta tarde estos versículos para no deprimirme...y para concentrarme que nada pasa por casualidad.
Llegan varias personas por la parada y pregunto de nuevo por la hora del bus para asegurarme. Me afirman que pasa a la hora dicha.
LLega la hora y cada vez tengo más frío. Ha empezado a llover a cántaros y me refugio en la parada del agua, aunque no del frío.
Ya se acerca el bus, y me pongo de pie muy contenta. Pero el bus pasa de largo y me deja allí tirada. el conductor ni me mira, y me entra una angustia y una rabia que me impide gritar y chillar, ¡qué cabreo más grande! Me entran ganas de todo, y claro sabiendo que llevo allí más de una hora esperando para nada, que ya son cerca de las 8 y que estoy a once kilómetros de mi coche y del albergue...no me queda otra que ponerme a andar bajo la lluvia, con más penurria, más enfado y con más frío.
Cuando mi reloj empieza de nuevo a marcar los metros, los dos primeros kilómetros se me hacen eternos. Tengo tanto frío que no puedo ni andar, y ni decir tiene que el mismo agobio me impide correr. Se me ha quitado las ganas de un plumazo. ¡Con lo bien que iba el día...!
Va oscureciendo y sigue cayendo agua, aunque ahora más suave. Empiezan a pasar varios coches, voy por la N-630, y sin pensármelo mucho decido comenzar a hacer autostop. Es la primera vez que lo hago, pero si quiero llegar al albergue no me queda otra que intentar que alguien me lleve a Aldea del Cano.
Por supuesto que los coches pasan a gran velocidad y pasan totalmente de mí. Voy mojada, congelada, y debo llevar una pinta con el chubasquero de lo más "chic".
Rezo para que alguien pare, pues llevo mucho frío. Por fin Dios me manda al ángel del día y se para un chico con su ranchera. Cruzo la carretera ya más contenta y dando gracias por haberse parado un alma caritativa, me ha costado pero lo he conseguido.
A los 10 minutos llegamos a Aldea y ya puedo decir que descanso de la jornada. Ha sido dura, pero ya estoy tranquila.
Una vez que llego al albergue, me ducho y me siento en el salón a comer algo.
En el albergue hay una pareja de franceses, un italiano, dos de Tarragona y cuatro hombres más que no sé de donde son pues no hablo con ellos mucho.
El italiano me pregunta que tal la etapa y empezamos a hablar en italiano. Le comento que el próximo jueves tengo un examen y me dice que hable en italiano para así estudiar. Él me va corrigiendo mis fallos,(que son muchos). Me dice que hablo bien. ¡Qué suerte!
Ellos llevan en el albergue desde las 3. Hay un buien ambiente. La mayoría vienen desde Sevilla. Los de Tarragona por ejemplo, llegarán a Santiago en 33 días.
La jornada ha sido larga y dura para todos y nos acostamos prontito.
He aquí una foto con los peregrinos de Tarragona, al día siguiente cuando nos despedimos.

viernes, 23 de marzo de 2012

Camino de Santiago, 14ª etapa



Esta tarde me decido a ralizar la etapa que va desde Mérida a Aljucén. Distan unos 15 kms. desde la salida de Mérida, más o menos. Mi deseo es llegar a Aljucén antes de las 20,05h en las que pasa el último autobús del día con dirección a Emérita Augusta.
Al empezar la carrera ya siento el tremendo calor de la tarde. Está nublado y para mañana hay previsión de lluvia, pero hace calor de tormenta. Hoy me he vuelto a vestir con las mallas largas y nada más empezar tengo que remangarme para que me dé algo de aire en las piernas.
Los primeros kms. van por carril de bici, paralelo a la carretera que lleva al pantano de Proserpina. Está a unos 5kms de la ciudad.
La verdad que dan ganas de detenerse y contemplar el agua, pero voy mal de tiempo y no puedo pararme mucho. Sólo me detengo unos instantes para refrescarme la cara y las piernas. El agua está ideal, ¡con razón se dieron un baño mis compis del club "la pasión de los fuertes"!
Sigo corriendo, el sendero va paralelo al pantano rodeándolo. Ya cuando debo dejar ese sendero y continuar unos kms más por la carretera me paro en uno de los chiringuitos que hay en la orilla para pedirle a la dueña que me dé agua, pues llevo ya poquita. Me indica el camino que debo seguir y también los kilómetros que me faltan para El Carrascalejo. Prefiero no pensar en ello, pues me parecen aún muchos, unos 10 (según me indica). Yo confío en haberse equivocado, pues ya llevo 6. Y desde ese pueblecito hasta Aljucén son dos kms más, y mis piernas no están para tantos kms.
La carretera que tomo es muy estrecha, y también muy transitada. Me sorprende los coches que pasan por ella. También me cruzo con un hombre paseando mientras va escuchando la radio. ¿De dónde vendrá?-pienso. Al instante me da esperanza haberle visto, porque eso es señal que estoy cerca de alguna población.
Pero aún me quedan muchos pasos que dar, como más adelante averiguo y compruebo por mi misma.
De la carretera sale un sendero hacia la izquierda, que se va metiendo y adentrando cada vez más en el campo, dejando atrás el asfalto lo cual agradece mucho mis pies. Hay tantos caminos que parece un laberinto, aunque todo está muy bien señalizado, y no hay dudas para perderse.
Me encuentro con una pareja en medio de esa masa de vegetación. Nos asustamos mutuamente, aunque creo que ellos más que yo. A mí el susto me lo pega un ciclista que apenas escuché y al mirar para atrás casi me lo como. Él es el que me indica que me faltan unos dos kms para El Carrascalejo. Así que aprieto un poquito porque ya huelo a meta, y también a descanso. Sé que desde allí hasta Aljucén sólo son dos kms más, y miro la hora y aunque voy justita confío en que me sobrará tiempo.
Hoy en todo el camino no he encontrado ni una sola conchita, solo un par de megolitos cuadrados, típicos de esta zona extremeña.
Al llegar a El Carrascalejo, pueblo muy pequeño, se me hace larguísimo y costosísimo alcanzar el centro del pueblo. Tengo que subir una pequeña cuesta, pero se me hace superinclinada, es ya la vejez y el cansancio. Por fin llego a la iglesia y le pregunto a un hombre cuánto me queda para Aljucén. Me da la buena noticia, y ya sé que llegaré antes de la hora prevista, pues sólo quedan dos kms. y según creo recordar la etapa de hoy terminaba en cuesta abajo.
Esos ánimos me hacen apretar un poquitín y aunque me encuentro de pronto con una pesada cuesta,(y ésta sí que es real), voy con la alegría de saber que una vez más y gracias a Dios voy a completar la etapa de mi particular Camino de Santiago.
Al terminar la cuesta hay una cruz, pero ya sólo tengo ojos para el pueblo que diviso a unos pocos metros delante de mí. Una cuesta abajo me separa de la meta, y sin mirar la cruz, ni hacerle foto, mis piernas se embalan dirección Aljucén.
He llegado a la parada, he entrado en bar para beber algo y me dispongo a estirar un poco mientras espero al bus que me llevará regreso a mi coche.
Gracias Señor, Alcuéscar será otro cantar, y ya pensaremos en ello.
Ahora toca descansar.

lunes, 27 de febrero de 2012

Camino de Santiago, 13ª etapa




Hoy me levanto con la ilusión de llegar corriendo hasta Mérida y atravesar ese puente romano que tantos siglos ha visto ya pasar. ¿Habrá visto alguna vez una loca corriendo hacia Santiago?
Hoy es lunes, penúltimo día de mi puente, y voy a disfrutarlo haciendo unos cuantos kilómetros.
Aparco en Mérida, porque los horarios de autobús me vienen mejor hacer hoy al revés que otros días. Dejar el coche en la meta.
Espero en la estación el bus que me llevará hasta Torremejías, y desde allí partiré hacia el coche. La "jugada" me sale bien, porque me ahorro tener que esperar después en los andenes muerta de frío.
Mientras voy en el autobus veo trozos del camino por el que pasaré en unos minutos corriendo, y mirando por la ventana observo a un peregrino, lo cual me hace ansiar el ponerme ya en marcha.
El día está estupendo, demasiado primaveral. Eso me hace remangarme las mallas, porque al poco de empezar ya empiezo a notar los grados.
Al principio el camino transcurre paralelo a la carretera nacional, incluso a veces debo ir por el arcén. Pasan algunos coches, pero no es demasiado molesto porque a los pocos kilómetros me adentro ya en un sendero que me aparta bastante del ruido de los coches y del bullicio en la autovía, que se siente a lo lejos.
Nuevamente tengo que cruzar las vias del tren. Antes de ello me encuentro por fin con los primeros peregrinos. En este caso dos chicas alemanas. Me paro cin ellas para saludarlas y también para hacerme unas fotos. Me cuentan que vienen desde Sevilla y quellevan diez días caminando. Su meta es en Mérida. Una habla muy bien el castellano, la otra no. Y además van con muchas ampollas. ¡Pobrecillas, qué dolor! Miro mi reloj y según mis cuentas les quedan todavía algunos kms. así que llegarán medio muertas, tal y como una de ellas va arrastrando los pies.
Unos dos kilómetros más adelante veo y me cruzo con otro peregrino, va solo y su mochila debe pesar bastante. Lleva de todo. Le saludo al adelantarle pero no me paro porque la cuesta era tremenda y llevaba buen ritmo.
Algunos kilómetros de nuevo por carretera pero al momento me adentro de nuevo por carril. Por aquí los campos están sembrados y está todo más verde.
Y la verdad que se agradece, da más alegría y más vitalidad. Parece que te entra mejor el aire. aunque ya llevo pocas fuerzas, y más que por los kms. por la calor. Mucho tiempo sin sombra, pero bueno, ya me queda menos.
Hoy casi todo el tiempo es llano o bajando, a excepción de la cuesta en la que me encontré al peregrino. Los últimos kms son hacia abajo y eso me hace relajarme más y llegar mejor a mi destino. Cuando empiezo a ver Mérida a lo lejos, parece que las piernas cogen velocidad. Hoy no tengo prisa en llegar para coger el autobús. Llego cansada por la calor y la hora, pero con una felicidad inmensa por haber llegado, de coronar la meta de hoy. Me siento como esos romanos conquistando Emerita Augusta. Y ahí está el puente romano mirando mi hazaña y yo mirando sus piedras, su edad y oliendo su historia.
"Hac sono Mérida, cum meus pes pedis tu basis itaque spectare tu caelum, odor tu fabula itaque auscultare tu vita".

viernes, 24 de febrero de 2012

Camino de Santiago, 12ª etapa



Hoy es viernes y comienza para mí y otros andaluces el puente de Andalucía. Mis planes son salir hoy y realizar la etapa Almendralejo-Torremejías. Y si me va bien, realizar mañana otra etapa más.
Cuando salgo del trabajo a las 2, cojo el coche y me encamino hacia Almendralejo. Hoy es primer viernes de cuaresma, y no me paro a comer. Hoy pica algo más el sol, pero pensando en el parón del final de la etapa tengo que ir con algo para no enfriarme cuando termine de correr.
Empiezo la etapa cuando no son más de las 3,30 de la tarde.
No hay nadie por las calles del pueblo, y parece que estoy sola en el mundo, pues no se escucha nada. Regreso por la carretera que me llevó el anterior día hacia la localidad y se me hace eterno ese tiempo, hasta alcanzar de nuevo el camino.
Hace calor, y tengo que remangarme las mallas, pues llevo puestas las largas y mis piernas con unos cuantos kilómetros ya necesitan aire fresco.
El camino no tiene apenas sombra, siento que los brazos se van tostando, y se hace pesado tanto tiempo bajo el sol sin una sombrita para cobijarme. Aprovecho para beber un poco de agua cuando llego a algún árbol con unos centrímetros de umbría. me sabe a poco, y no puedo pararme mucho pues me quedan algunos kms todavía.
El camino se hace cansino porque a veces es demasiado llano y demasiado recto, y no se ve el fin del sendero.
Según internet entre uno y otro pueblo hay unos 10kms. pero empiezo a comprobar que hay un error o que nuevamaente me he equivocado, al salir por la misma entrada que tomé a mi llegada a Almendralejo. Más adelante descubro que quizás tomando la salida posterior sí que me hubieran dado esa distancia, pero ya no sirve lamentarse. Mis piernas finalmente vuelven a hacer más kilómetros de los que mi mente había dictado en un principio, y claro, psicológicamente me mata.
La recta sigue y perdura y nunca veo el final. Se hace a su vez más cansado el transcurrir de cada metro. No paro de mirar el reloj, el tiempo, los kilómetros alcanzados,...y ya va escaseando el agua. Hace mucha calor, la cara me arde, los brazos se me están quemando,...las piernas me piden la meta, pero no llega, no llega el final de la etapa de hoy.
Ya he pasado de los 13 kms y sigo sin ver cerca el final. Me queda sólo un trago de agua, y decido aguantar para los últimos metros, que a mi parecer deben estar ya cercanos.
A lo lejos veo el pueblo, pero sé que aún me queda un buen rato de zancadas. Intento recuperarme y animarme a mi misma. He salido hoy. Estoy haciendo una nueva etapa. Ya he realizado en mi aventura mi objetivo inicial. Estoy corriendo porque quiero. Me gusta correr. Estoy disfrutando. La etapa de hoy también la voy a conseguir.
...Y con estos pensamientos me voy acercando a Torremejías, y ya veo más cerca las primeras casas. Cojo un atajo. Cruzo por debajo de las vías del tren. El camino realmente te indica que más adelante está la entrada al pueblo, pero ya mis piernas llevan 15kms, y creo que no hago trampa por entrar antes y atajar por una calle más abajo. Llego por fin a Torremejías.
Busco la parada del autobús. Me da tiempo a tomarme un café y una napolitana. Hoy me lo he merecido. Estoy muerta de cansancio, pero muy feliz. ¡Gracias Dios mío!

viernes, 3 de febrero de 2012

Camino de Santiago 11ª etapa




Hoy es 3 de febrero y por tanto no trabajo por ser San Blas el patrón de Aracena. Durante este fin de semana se espera un frío espantoso, y toda España está en alerta por nevadas y bajas temperaturas.
En estas condiciones me levanto hoy temprano para realizar otro tramo del Camino de Santiago, y aunque en un principio tenía previsto hacer varias etapas durante el puente, al final el frío me hace cambiar mis planes y ser un poco menos ambiciosa.
Cuando salgo en el coche hacia Villafranca de los Barros, paso por tramos a las 9 de la mañana que marca -6º, y llevo la esperanza de sentir menos frío cuando llegue hoy a la salida.
En Villafranca sello la credencial de mi último día allí, y cuando me dispongo a salir ya el termómetro ha subido algunos grados.
Algunas personas me miran, como siempre, al verme correr por las calles con el frío que hace. Paso por el instituto que están en el recreo, y al ver a tantos jóvenes comiéndose esos bocadillos, me da una "envidia" especial. ¡Cuándo estaré comiendo algo calentito!
Durante todo el recorrido, como la etapa anterior voy corriendo entre vides y campos llanos. Al principio si me encuentro varios coches por el sendero. Es un tramo ancho, de muy buen piso y a veces con rectas de más de dos kilómetros.

El frío es horroroso. Se me cae la moquilla y ya he perdido la cuenta de los pañuelos de papel usados. Hace viento y cada vez que me tengo que sonar la nariz he de pararme, porque el viento no me deja sujetar bien el pañuelo. Voy hoy forrada y no entro en calor fácilmente, es más creo que ni llego a sudar en todo el tramo que realizo.

Hoy aplico mis oraciones por Sofía, por su salud y para que salga pronto de la UCI. Sofía es mi sobrina de tres años, que está con principio de neumonía ay lleva allí casi dos semanas.
Un poco más adelante recibo una llamada al móvil y es mi hermana para decirme que suben a Sofía a planta. Imaginaros qué alegría me da. Así que a pesar del frío continúo intentando rezar, y así hacer más llevadero el camino. También para dar gracias.

A veces el camino se hace demasiado solitario y también pesado por ser tan llano,(lo cual se agradece) y por no encontrarme a nadie. A unos 3km de Almendralejo me encuentro con un cabrero y le pregunto por la distancia que aún me queda hasta el pueblo. Me indica que sobre 3kms, pero mis piernas y yo misma nos damos cuenta que es casi el doble cuando finalizo la etapa.

No sé si no cogí el cruce que en un principio llevaba planeado o es que el buen hombre me indicó mal. El caso que "esos 3 kms" se hicieron eternos, el frío insoportable y mi nariz roja como un tomate de tanto sonarme.

En todos los sitios te informan que en este tramo de Villafranca de los Barros hasta Torremejías es aconsejable desviarse hacia Almendralejo, porque si no se hace muy pesado tantos kms. sin pasar por ninguna localidad intermedia. Yo sigo esas mismas instrucciones, más que nada porque no sería capaz de hacer 24 kms seguidos de un tirón, que es la distancia que hay entre esos pueblos.
Desde el cruce en el que tengo que desviarme hacia Almendralejo, veo a dos peregrinos andando hacia Torremejías, pero ya me quedan distanciados y no puedo hacerme la foto con ellos. Siempre he querido hacerme una con los primeros peregrinos con los que me encontrara.
Desde ese cruce hasta el pueblo, me quedan como tres kms y es por ello que cuando llego, mis piernas están no solo cansadas sino congeladas.
He llegado a Almendralejo, he pasado mucho frío, sigo sintiéndolo, tengo ganas de una estufa, de más abrigo y de sentarme calentita. esta vez he sido prevenida y llevo una sudadera atada a la cintura para colocármela una vez finalizada la etapa. ¡¡Menos mal!! porque el frío aprieta.


Me hubiera gustado comer en el pueblo y después continuar. haber hecho noche en algún albergue y hacer la etapa hacia Mérida al día siguiente, pero el frío es demasiado y elijo el camino fácil.
Me voy hacia la estación de autobuses para regresar en bus hacia mi coche, pero antes me paro a degustar un menú, de esos que a los peregrinos resucitan. Y cuando pruebo esa sopita calentita, mi cuerpo empieza a saborear otras comodidades.

viernes, 13 de enero de 2012

Camino de Santiago, 10ª etapa

Después de creer que esta etapa iba a ir de nuevo acompañada e incluso llevaría coche escoba para esperarnos en la meta de hoy, al final debo ir de nuevo sola. Hubo cambio de planes, y también cambio de día.
Me dispongo a hacer la etapa desde Zafra hasta Villafranca de los Barros. En total más de 18kms. Nunca he corrido tanta distancia y no sé si llegaré a la meta. No sé si seré capaz de recorrer tanta distancia sola y si mis piernas aguantarán tantos kilómetros.
Llevo hoy zapatillas nuevas, pues con las que corría antes resulta que no eran de running, aunque me las vendieron como tales. Mi última etapa me dañé las rodillas y todo fue de las zapatillas.
Empiezo por las calles de Zafra buscando la Torre de San Francisco desde donde sigue el camino de Santiago.
La tarde está estupenda porque no hace demasiado frío hoy. Se está nublando pero eso me viene bien porque creo que no me dará tanta calor. De hecho el camino no tiene árboles que den sombra, hubiera sido agotador con tanto sol encima.
El camino va siempre entre campos, casas y fincas. Por él transcurren muchas personas, unos que van a trabajar en esas tierras, otros a caballo, otro con sus perros...siempre me voy encontrando gente. Menos en los kilómetros intermedios que parece que voy sola en el mundo pues no se escuchan ni perros ni coches. La carretera se ha quedado alejada, y solo veo a mi alrededor vid.
Me llama la atención que durante este trayecto no me encuentro ningún azulejo de la concha. Sólo cuando recorro los últimos 4 kms. cerca de Villafranca, empiezo a ver esa maravilla plasmada en cerámica. ¡Qué alegría dar verlas!
Otra cosa curiosa es los dos pozos que me encuentro al lado del camino. Me asomo a uno de ellos y tiene agua. Son cuadrados y están abiertos.
Me viene un olor inmenso a margarita, y miro hacia la izquierda y observo un campo minado de flores. Parece que ha nevado pues está todo blanco cubierto de margaritas. Me recuerda a los campos en Aroche, que en enero ya empiezan también a florecer y se cubren los campos de un manto blanco.
Los primeros kilómetros se hacen siempre más pesados, pues mientras se va calentando el cuerpo el tiempo pasa pero no así los kilómetros.
No os he dicho que a tres kms de Zafra paso por Los Santos de Maimona. Por fin llego al pueblo que en mi anterior etapa tenía previsto llegar. Cruzo todo el pueblo y se me hace un poco pesado, pues no veo la hora de salir de él. La gente me mira, pues hay un entierro y van mucha gente por la calle. Me da un poco de corte pasar delante de todas esas personas, pero como voy siguendo la flecha, ésta te lleva siempre a la Iglesia del pueblo y para no perderme no busco otra opción. Cuando salgo del pueblo llevo casi cinco kms. Voy pensando en mi llegada a meta, en la hora, en si seré capaz de llegar,...Aún me falta mucho y prefiero seguir dando pasos a pensar tanto.
Las peores cuestas de hoy ya las he dejado atrás, con lo cual lo único que tengo que hacer es mantener un ritmo constante y seguir que el gps siga aumentando su kilometraje.
El sendero tiene rectas inmensas. Veo a lo lejos un ciclista que se acerca. Nos cruzamos y nos saludamos.
Durante el recorrido paso por dos antiguas y derruidas ermitas, bastante grandes. Me imagino que en tiempo tuvieron que ser importantes, para estar en el camino y para encontrarse en medio de la nada.
Sigo mirando el reloj y poco a poco voy llegando a los 10kms. Miro hoy mucho el reloj porque si llego antes de las 6,45h. podré coger el autobus que me lleve a Zafra donde he dejado mi coche. Si no es así tendré que esperar dos horas al próximo. Intento no obsesionarme con el tema y me concentro en sólo seguir dando pasos.
Mi objetivo ahora es llegar a un cruce en el que hay que cruzar las vias del tren, la carretera nacional y pasar por debajo de la autovía. Si llego allí, sé que llegaré a Villafranca. Si no mal recuerdo en internet indicaban que ese cruce está a 13kms y algo. Cuando voy llegando a esa suma de kilómetros llego justamente a ese cruce y me pongo muy contenta. Ahora sé que llegaré, aunque no sé si a la hora que quiero, pero eso ya no depende sólo de mí.
Toda esta ruta está muy bien señalada, no hay lugar al equívoco, así que me alegro y doy gracias a los encargados de ir señalando el camino.
Me voy quedando con poca agua, y mis piernas notan ya un cansancio especial, pero siguen moviéndose, aunque a veces no sé cómo.
Cruzo las vías del tren, llego a la carretera N-630. Voy corriendo por ella unos metros, hasta que se me indica que cruce a la derecha y que pase al carril que me llevará a Villafranca. Veo un cartel en la carretera que indica que se encuentra a tres kms. y tengo la tentación de seguir por la carretera para llegar antes, pues ya son más de las 6h. y según mis cálculos por el carril me quedan 4kms. Pero se me va rápido este pensamiento porque yo he venido a hacer el Camino de Santiago y no a coger atajos. Así que sin darme tiempo ni a pensar sigo por el sendero de tierra. Sé que tengo menos de media hora para hacer esos 4kms. Pero a la vez me relajo y pienso que es mejor disfrutar del momento y no pensar que pasará dentro de media hora. Así que empiezo a disfrutar sabiendo que gracias a Dios voy a conseguir una vez más realizar una ruta del camino corriendo, y sin saber cómo aún, mis piernas van a soportar una cifra que jamás antes había superado, 18,440 kms. Ya se ve Villafranca de lejos. El cielo está nublado pero el sol ilumina todas las casas, y como si pareciese algo divino, "veo la luz al fondo". De pronto me veo una cuesta inmensa de larga y de las que van subiendo lentamente. De las que te dejan ya caos. Tengo que parar unos segundos para tomar aire. Bebo. Ya sólo me queda un trago de agua. Respiro profundamente y pienso "¡eso está hecho!". Empiezo a subir y cuando llego de nuevo a un llano intento apretar un poco más. "Tengo que llegar, tengo que llegar". Son las 6.20h. y ya veo las primeras calles, y a lo lejos el cuartel. Sé que la parada de autobuses está cerca. Cruzo la carretera, la rotonda, y me encamino hacia la primera calle del pueblo. No quiero parar de correr hasta que no pise la primera acera que me encuentre. ¡Por fin he llegado! Estoy pisando la acera.
Pregunto a varias niñas por la estación y me indican. Al momento se me acerca un ciclista y me pregunta: "¿qué problema tienes?" Y al mirarme me dice sorprendido:"¡Tú eres la que me he cruzado corriendo!" Le contesto que sí que soy yo y que quiero ir a la estación. El chico me indica y me dice que está a 500 metros. Salgo a correr, porque ahora sí que no quiero perder el autobus por nada del mundo. El chico está como yo, que aún no me lo creo. Estoy realmente sorprendida. Y muy, pero que muy contenta. ¡Gracias Dios mío!

miércoles, 4 de enero de 2012

Camino de Santiago, 9ª etapa



Han pasado ya muchos días desde mi última salida, entre unas cosas y otras no he podido continuar mi camino. Hoy decido seguir y me levanto con ganas de correr y de hacer una buena rodada. Quiero llegar hasta Los Santos de Maimona, así que me esperan 13 kms de aventura.
Salgo desde Medina de las Torres. Llego ya cansada, no sólo por el viaje y la carretera, sino porque hoy que estoy de vacaciones y es día laboral he decidido sellar mi credencial por los pueblos que he ido pasando anteriormente, ya que en ninguno de ellos conseguí que me pusieran el sello. ¡Por fin lo consigo! Aunque en algún lugar fue más difícil que en otro, al menos llego a la salida de hoy con la credencial al día.
Sobre las aceras me empiezo a encontrar las primeras señales. Me desvío de las recomendaciones que he visto por internet, puesto que las señales me alejan de la carretera. Más adelante me daré cuenta de mi error, pues cojo ruta equivocada.


A la salida del pueblo pregunto a unos hombres que pasean bajo el sol radiante casi primaveral del 4 de enero del 2012. Me indican hacia un sendero que va paralelo a la vía del tren.
El camino hoy es feo, seco, sin apenas árboles por no decir que casi ninguno.
Las vías del tren siguen a mi lado, pero hoy nos separa una malla.
Se escuchan de lejos los coches que van por la carretera que conduce hacia Puebla de sancho Pérez y Zafra. Pienso en la tranquilidad del campo y de la paz que respiro alejada del ruido de esos motores.
Llego a una bifurcación, no veo ninguna señal hoy, ni una sola flecha amarilla ni azulejo de concha. Decido seguir paralela a la vía del tren, sé que tarde o temprano llegan a Zafra.
A lo lejos cuando llevo 5kms veo un pueblo. Medina de Zafra está a 8 o 9. Pienso que es Zafra y me pongo contenta, pues voy a buen ritmo.
Mis rodillas van fatal, me duelen mucho y el dolor se hace cada vez más intenso. Tanto que estoy deseando llegar a Zafra y terminar por hoy la etapa. Se me hacen muy duros cada uno de mis pasos, porque cada vez me duele más y aguanto menos el dolor. Adios a la opción primera de llegar a Los Santos. Eso implica que mi próxima ruta será horrorosa de dura.
Y mientras voy pensando en estos pésimos sentimientos y en la desilusión de tener que para antes de los previsto, voy acercándome al pueblo. Pero a medida que me voy acercando no se me parece en nada a Zafra.
Mis presentimientos se hacen realidad cuando llego al pueblo y veo las primeras casas. Se trata de Puebla de Sancho Pérez, y no de Zafra. ¡Qué desilusión más grande! porque las rodillas me duelen muchísimo.
Pregunto a un hombre cómo llegar a Zafra por el camino de Santiago y me indica hacia la dirección que yo traía. Se me hace un mundo volver hacia atrás para tomar la calle que me ha indicado. No estoy para volver ni para intentar atajar caminos intentando orientarme entre las calles de un pueblo que desconozco, así que decido continuar por la carretera hacia la salida hacia Zafra. Eso supone hacer una vuelta tremenda y realizar más kilómetros de los debidos. Mis rodillas protestan,...y lo hacen con razón.
Cuando por fin llego a la salida del pueblo dirección Zafra veo varias señales en la carretera que me indican que siga por esa vía. Después ya en casa compruebo por mi cuñado y también por internet que no es esa ruta.
Hay dos kilómetros entre un pueblo y otro, pero a mí me parecieron la maratón. No veía la hora de llegar, y parecía que me alejaba en vez de acercarme.
De nuevo llego a una bifurcación y le pregunto a un hombre que va en bici cuál debo coger para llegar antes a la plaza de toros. Sigo las indicaciones y continúo corriendo.
Ya casi llegando a las primeras calles del pueblo me alcanza un hombre corriendo y al explicarle mi aventura y mi necesidad de llegar a la plaza de toros, me acompaña gentílmente y me va dando conversación durante esos minutos que vamos juntos. Se me hace así menos pesada mi llegada a la meta de hoy. ¡He llegado a Zafra, aleluya por mis rodillas!