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sábado, 23 de junio de 2012

Camino de santiago 21ª etapa

No he podido dormir mucho, un pesado mosquito me ha estado dando la lata toda la noche, picándome aquí y allá y dejándome con varias ronchas en mi débil cuerpecito.
A las 5,30 consigo matarlo en un movimiento rápido de melena. La bofetada que le pegan mis pelos es la que había deseado darle desde las 12 de la noche.
A las 6 de la mañana se levanta mi compañero de habitación y le sigo la corriente. Ya estoy harta de cama, de dar vueltas en ella sin poder dormir. además quiero salir temprano para volver pronto a por el coche.
La etapa de hoy es de 12kms según internet, según marca después mi reloj sólo de 10kms. El caso es que debo llegar a Cañaveral.
A las 7 de la mañana hace fresquito, incluso parece que voy a necesitar una manga. Necesito pocos metros y poco tiempo para darme cuenta que no.
La ruta de hoy empieza con una señora cuesta, que para calentar no está nada mal. El camino está malísimo para correr e incluso andar. Es demasiado pedregoso y se van clavando las piedras en la planta del pie. Cuando llego a la ducha me daré cuenta de las consecuencias.
El camino transcurre por jaras.
A los 3kms me encuentro con mis amigas las vacas, que no tienen mejor camino que cruzarse con el mío. Van varios becerrillos y me tengo que esperar a que uno que es un poco torpe se decida a psar y seguir a la madre. Esto me hace perder unos minutos y mi buen ritmo matutino. Una vez que por fin se decide reinicio mi carrera.
El camino va señalado con postes de madera de la Junta de Extremadura pues coincide con un GR. Es fácil continuar el camino sin perderse a excepción de un tramo que se corta por las obras que hay del AVE. Hay que dar un pequeño rodeo y pasar por un ancho camino con tierra muy fina que al pisarla levanta una nube de polvo. Eso hace que mis zapatos, calcetines y piernas se transformen de color.
Hoy no me encuentro con nadie por el camino. Mis compañeros de albergue han salido después que yo, los veré a la vuelta.
Cañaveral se ve desde una distancia de 5kms antes de llegar. Por una parte te da alegría porque ves la meta, pero por otra se hace pesada pues parece que no llega nunca.
Hay que atravesar varias portelas, pero por suerte para mí, hoy no hay ganado suelto.
Antes de las 8,30 de la mañana llego a mi meta. La calor promete, pues si no fuera por el reloj que me marca la hora exacta, juraría que son más de las 11.
Busco un bar, todos están cerrados menos dos. En el primero no hay tostadas. El segundo está a un km. desde mi llegada al pueblo, o sea en la otra punta. Allí desayuno y los dueños se quedan admirados, pues me preguntan si voy haciendo el camino y al decirle que voy haciendo el camino corriendo alucinaron. Y también alucinan con mi reloj. Tres personas en este día se quedan maravillados con mi reloj. ¡Qué suerte la mía!
La vuelta atrás se hace más dura porque el calor aprieta pero voy ya relajada al saber que he realizado la etapa planificada. Llevo agua que me ha dado la señora del bar. No llevo prisa, pero voy a buen ritmo.
Por el camino me cruzo con mis compañeros de hospedaje y también con dos chicos de Bilbao que van con las bicis haciendo el camino de la Plata hasta Astorga.
La gran sorpresa llega cuando estoy casi arrancando el coche para volver a casa. Al llegar al albergue descanso un poco en la sombra y me bebo un refresco que tenía guardado a modo de "brindis" por la meta, y para reponer fuerzas. No me entretengo mucho, y pronto guardo las cosas en el coche para arrancar. Al montarme veo que llega la chica del albergue. No son aún las 12, hora de apertura. entro para que me selle la credencial, pues en el día anterior se me olvidó. Le pido permiso para entrar a lavarme las manos y caras y me ofrece ducharme. ¡Veo el cielo abierto! No sé cómo agradecérselo porque tardo en llegar a casa casi tres horas. Ducharme me sabe a gloria. Ir fresquita y limpia de vuelta a Aracena es todo un detalle. Así termina la etapa de hoy, con un sabor bastante dulce y reconfortante.

viernes, 22 de junio de 2012

Camino de Santiago 20ª etapa

Hoy es viernes 22 de junio, le dan las vacaciones a los escolares. Para celebrarlo me voy a seguir mi camino después de comer. Ha empezado el verano muy fuerte, con temperaturas bastantes altas.
Hoy mi ruta será desde el punto donde lo dejé el último día, a dos kilómetros aproximadamente del rio Almonte, del puente que hay en la N-630, hasta el albergue del embalse de Alcántara. En total son solamente unos 8kms. pero antes debo hacerlos andando para llegar al punto de salida.
Llego al albergue sobre las 6 de la tarde. Está situado en un lugar estratégico, en alto, desde donde se divisa río Tajo. Hay dos parejas y un hombre que no adivino a averiguar su nacionalidad. Es con el que me toca compartir habitación, pues a los matrimonios les dejan una habitación para ellos. El albergue está bien, los cuartos muy buenos, amplios y con sábanas limpias y nuevas.
Descanso un poco antes de empezar a correr, pues llego cansada del viaje y hace calor todavía.
El tramo de hoy es un poco pesado y feo porque transcurre la mayor parte por la carretera, y a excepción de las vistas de ambos ríos, se hace bastante pesado caminar por el asfalto con la dichosa calor.
Cruzar el río Tajo es toda una aventura porque si me pongo a pensar en la altura que tiene... El puente mide algo más de 600 metros de largo, y de altura no sé, pero procuro no mirar abajo, aunque es precioso.
Por la carretera me voy encontrando varias señales de flechas amarillas y también señales metálicas que avisan de peregrinos caminando por el arcén.
No llego a conseguir llegar al punto exacto donde lo dejé la última vez, se me hace tan pesado el caminito, y además me voy quedando sin agua y tengo que volver corriendo hacia el albergue. así que decido comenzar a correr. El calor es sofocante. No sé cuántos grados puede haber, pero son más de las 8,30 de la tarde y parece plena siesta.
El agua ya hace mucho tiempo que me sabe a sopa, por lo calentita que está. Ya no puedo beberla, pero me sirve para mojarme un poco. Tengo que racionarla bien porque apenas queda.
La sed y el agobio van creciendo sin parar. más aún al contemplar tanta agua alrededor y no poder ni tocarla. El acceso a esa masa líquida es tan difícil y tan alejada de la carretera que cualquiera hace esos metros de más para no poder beber. Aunque es difícil engañar a la mente cuando ven tus ojos tanta masa azul. A lo lejos pescadores y bañistas... ¡qué envidia me dan!
Procuro no pensar en el agua, porque cada vez tengo más calor y más sed.
Me paro de vez en cuando porque ya las piernas se niegan a obedecer mis órdenes. Encuentro una buena piedra en una hermosa sombra, y dejo posar todo mi ser en ella.
Hay un tramo que no puedo correr y decido andar un poco para recuperar fuerzas.
Cuando llego al puente del río Tajo lo atravieso corriendo, las pocas fuerzas que me quedan las voy consumiendo en esos metros. Después viene otra sombra y descanso de nuevo un poco. Ya son las 9, ya queda menos para llegar al albergue, aunque no recuerdo cuántas curvas había entre puente y carril, y mis esperanzas se renuevan cuando paso por un cartel que ya ví antes cercano al hospedaje, el "club Tajomar". Tienen un pequeño puerto con algunos barcos de recreo.
Sigo hacia delante y ya me encuentro con el carril que me lleva a la ducha, al agua fresquita y a la cama que me espera.
La etapa de hoy ha sido dura, y me deja sin fuerzas para desear salir de nuevo a la siguiente.

sábado, 19 de mayo de 2012

Camino de Santiago, 19ª etapa

Después de una noche sin poder dormir mucho, (cosas de los albergues y de mis costumbres), me he levantado a las 6 de la mañana. Los peregrinos ciclistas a esa hora ya estaban montados en sus bicis. Cuando me he levantado estaba lloviendo a chuzos. Y a mí se me ha olvidado el chubasquero en casa. Me preparo tranquilamente y recojo todas mis cosas. Más tarde me doy cuenta que no es así, me dejé olvidado unos pantalones, aunque como aún estaba al principio del camino, volví a por recogerlos. Eran las 7,20h  de la mañana.
Después de rezar los laudes en mi coche escuchando la lluvia, me dispongo a buscar un bar para desayunar y esperar mientras tanto que la lluvia cese. Nos han dado propaganda de un bar cercano al albergue, que abre desde las 5,30 de la mañana. En mi coche intento buscarlo para no mojarme, pero después de dar la vuelta a medio pueblo sin encontrarlo, decido entrar en otro que está más a mano.
Desayuno tranquilamente con la esperanza que el tiempo cambie, de no ser así tendré que volver a casa sin hacer etapa. Pero entre este mar de dudas, cuando salgo fuera solo chispea.
Me dirijo hacia el inicio del camino en coche. Me cuesta salir de él, pues no estoy segura de qué decisión será la adecuada. Si me llueve lejos del pueblo, retornaré bastante mojada, y muy abrumada también.




 Al final decido apostar por hacer la etapa. Como diría mi madre: " la primera intención es la que vale". Y me resulta buena tomar esa decisión, porque aunque chispea al principio y se ven nubarrones muy negros a lo lejos, cesa la lluvia y ya no lo hace más durante las siguientes horas.
Por el camino me cruzo con varios peregrinos con los que compartí albergue. Más tarde descubro, que aunque me enredé con mis cosas y mis indecisiones, fui una de las primeras en empezar a caminar hoy. A mi regreso me encontré con todos los demás peregrinos.



El día está bastante fresco, y se corre estupendamente. El camino está perfecto, en muy buen estado. El paisaje es bonito. pero no me paro hoy mucho a hacer fotos.


Hoy a diferencia de otros días hay varias cancelas que atravesar, abrirlas y volver a cerrarlas. Pero por suerte para mí el ganado está todo en las fincas, encerraditas. O al menos eso me parecía a mí, hasta que llegué a un punto, cercano al río Almonte, donde las vacas y sus becerrillos estaban en mitad del camino. Al intentar pasar la valla, las vacas empezaron a andar hacia mí, y aunque veía el río cerca (meta de hoy), sólo me faltaban dos kilómetros, decidí darme la vuelta. Esperar a poder cruzar con los peregrinos que venían más atrás hubiera supuesto enfriarme demasiado.
Al darme la vuelta veo un chico con mochila que aparece de en medio de la nada. Después me explicará cómo había pasado por una zona que se supone está cerrada al público.
Él va hacia Mérida, desde Salamanca. No está haciendo el camino, simplente está andando en dirección a la provincia de Badajoz paara conocer el pueblo de su padre. Él es mallorquín.
Decidimos andar juntos, ya que vamos al mismo lugar. De esta forma se hará el camino más llevadero. Nos contamos mutuamente nuestras aventuras por esta via de la plata.
Me sorprende su historia, bueno sus historias.


Os contaré una de ellas. Al hablar del trabajo, me cuenta que ha estado trabajando durante siete años de pastor, en los Pirineos por la zona de Lérida. Pero que ahora trabaja para una marca de ropa conocida, y que se encarga de organizar los eventos en los que participa esa marca. ¡Qué cambio más radical de curro! ¿No? Ahora se codea con gente del mundo de la moda, "los fashion", como les dice él. Viaja por cantidad de ciudades.
Seguimos hablando las tres horas que estamos juntos. Pues le acerco a Mérida, que es donde tenía previsto llegar caminando.
En el Camino de Santiago te encuentras con tanta gente diferente, con tantas experiencias que contar y tantas anécdotas increibles, que a veces alucinas. Durante menos de 24 horas he conocido y hablado con una polaca, con un húngaro y con un mallorquín. Cada uno de ellos de un mundo distinto, y sin embargo a los tres les ha llamado el caminar en esta via de la plata. ¿Qué es lo que tiene el camino de Santiago que mueve a tantas personas?
Mi etapa de hoy termina, con sabor dulce, y también salado. Pues Joan y yo cuando llegamos a Casar de Cáceres, nos deleitamos con su famosa torta. ¡Deliciosa!

viernes, 18 de mayo de 2012

Camino de Santiago, 18ª etapa

Hoy es viernes, hemos tenido una semana muy calurosa, pero el tiempo ha dicho que bajarán las temperaturas y que refrescará bastante, incluso lloverá en algunos puntos de la península. Por eso decido irme el fin de semana a continuar el camino.
Hoy me tocará realizar la etapa Cáceres-Casar de Cáceres. "Mis proyectos no son tus proyectos..." Así podría titularse la jornada de hoy. Llevo todo "controlado", como siempre. Horarios de bus, kilómetros, tiempo,... Pero para mi sorpresa cuando llego a Cáceres el albergue está ya completo. Son algo más de las cinco de la tarde. Da la casualidad que este fin de semana es el festival Womad en Cáceres, y todo está repleto de gente. Intento buscar alojamiento en otro albergue o en un hostal, pero la policía local me recomienda que busque en Casar, pues allí va a ser imposible.
Los policías son muy atentos conmigo,(para que luego no me tire eso "del cuerpo",je,je). Y es que me dan el teléfono de sus compañeros en Casar para llamarles y preguntarles si está completo el albergue municipal de allí. También me atienden muy bien, y me dice que sí hay sitio seguro.
Así que vuelvo a buscar mi coche, y me dirijo hacia el siguiente pueblo. Los horarios de autobuses desde Casar a Cáceres los viernes por la tarde son a las 5,45 y a las 7,30. Tengo que modificar mi plan, porque cuando llego a Casar, que está a unos 9kms de la capital, ya estoy muy cansada, de las horas que llevo en el coche y de la desilusión y/o palo que me llevé al ver el cartel de completo.
Me dirijo al albergue municipal de este pueblo y están libres varias camas. Hay mucha gente también, y la mayoría extranjeros.


El albergue aquí es gratuito. Así que eso que me ahorro.
Cuando le cuento a mis compañeros del hospedaje cómo estoy haciendo el camino, se quedan alucinados.



Me preparo y me encamino andando hacia Cáceres, aprovechando que se ha nublado. Cambio esta opción por la de esperar al autobus de las 7,30. Por que con las pocas ganas y fuerza que me quedan, no puedo ni pensar en andar desde la parada de autobuses de Cáceres hasta la salida del camino dirección Casar. Son 9kms lo que me separan del punto de salida del día de hoy. Pero se hacen eternos. El camino está bien, aunque es una parte no muy bonita. La carretera va paralela y no dejan de pasar coches. Los últimos kms. son por la carretera, y cuando accedo a ella, es tal el tráfico que hay que me da miedo. Los coches van a toda velocidad.


Así que cuando me quedan dos kms para llegaar a Cáceres y empezaar a correr hacia Casar, decido darme la vuelta, pues antes está la propia vida. No creo que nadie se enfade por saltarme dos kms. El arcén es pequeño y por eso veo tanto peligro en intentar correr por asfalto. Así que aprieto para llegar al carril lo antes posible.


Cuando por fin llego al camino, me da una tranquilidad enorme, pues los coches iban a toda caña.
Hoy se me ocurre llevar una riñonera para probar porque mis calzonas no tienen bolsillo, y eso me supone hacer los 6kms peores de todos los que he hecho. Es un incordio llevar algo que salte a la vez tuya. Voy más lenta que nunca, me crea un estrés exagerado, y voy todo el camino deseando llegar, sin disfrutar para nada de mis pasos, del entorno...
Cuando llego al pueblo, parece que ha pasado una eternidad, pero no es así. Es aún temprano.
Ya por fin descansan mis pies, y llego al albergue donde me espera una ansiada ducha.
Cuando termino mi aseo ceno con el resto de algunos de mis compañeros. Conozco a una chica polaca. Empezamos a hablar, en inglés!!!! A pesar de mi nefasto don, nos entendemos.
Ella ha realizado hoy andando 51kms. Me dice un peregrino, (policía prejubilado), que ella anda un montón, y no le salen ampollas ni nada. La chica, la verdad que está como si tal cosa. Hablamos de Juan Pablo II, de Czestochowa, de Iasna Gora,...Para mí son unos instantes muy amenos.
Llega una pareja al albergue, (que ya me crucé cuando caminaba por la tarde hacia Cáceres). Ellos han cogido las literas El chico me habla y después de llevar un rato con la conversación me entero que es húngaro. ¡Dios mío! Habla perfectamente el castellano, y nosotros los españoles ( o al menos la mayoría), tan torpes para los idiomas, ¡ qué pena! ¡Yo no me había dado cuenta que no era español! Al parecer ha estado trabajando tres años en Sevilla. Hizo parte del camino con unos compañeros del trabajo en aquel tiempo, y ahora ha vuelto para realizarlo con su novia, bueno para continuar con ella. Lo dejaron en Cáceres la última vez.
Todos se acuestan... Y también yo, que más que por sueño es por respeto al silencio que imploran los peregrinos, y de paso reposar todo mi ser.

lunes, 30 de abril de 2012

Camino de Santiago, 17ª etapa

Hoy me levanto temprano para realizar la ruta que va desde Valdesalor hasta Cáceres. Son pocos kilómetros y me lo tomo con tranquilidad. Debo estar antes de las 13h. para coger el bus de regreso.
Hoy el día está un poco mejor, al menos no llueve, pero hace un frío tremendo. Comienza el sendero paralelo a la carretera, y prácticamente es así casi todo el tiempo.


Como ya es más tarde cuando llego al punto de salida, no veo en el horizonte a ningún peregrino. Se nota que de nuevo han madrugado.
Hoy sí que me encuentro con algunas cuestas, pero es increible como las piernas las suben sin protestar. También será porque hoy voy más lenta. si no fallo en mis cálculos llegaré antes de tiempo y me sobrarán minutos para aburrirme. La etapa de hoy son unos 12kms., aunque después descubriré afortunadamente que son menos, unos 10.


La carretera N-630 se cruza varias veces durante el recorrido, y pronto se ve Cáceres al fondo. Encima viene una cuesta abajo y las piernas se embalan algo más.
Veo a los primeros peregrinos del día a lo lejos. Pronto los alcanzo en la última cuesta antes de llegar a la ciudad. Son cuatro, y esta vez sí que son españoles. Nos saludamos y seguimos cin nuestro camino.


La llegada a Cáceres no es demasiado bonita porque se pasa por un polígono y varias casas derrumbadas y viejas. La verdad que me parece mentira haber llegado ya a Cáceres, pues la etapa ha sido corta, pero si pienso en todo lo que he tenido que pasar para llegar a sus calles, me parece increible.
Nada más llegar me dirijo hacia la estación de autobuses, tengo una hora para llegar. Me da tiempo para un café y descansar. Atrás se quedan las zancadas mojadas, las gotas de agua que me salpicaban la cara, y los momentos difíciles del fin de semana. Mi cuerpo ya respira tranquilo, y mi mente comienza a pensar en la siguiente meta, en la próxima etapa, en cómo organizarme para la próxima vez,... Sólo cuando me siento en el bus, descanso realmente y me olvido de todo.

¡Gracias Dios mío por haberme acompañado, una vez más!


sábado, 28 de abril de 2012

Camino de Santiago 16ª etapa

Nos despertamos en el albergue muy temprano, típico de los peregrinos. Algunos salen a caminar antes del amanecer. Yo hoy no tengo tanta prisa, y aunque nos levantamos a las 7 de la mañana voy tranquilamente haciendo las cosas.
En los amaneceres del camino de Santiago, lo que más se suele escuchar son los pasos que dan los caminantes, en medio de esos senderos aún sin clarear, algunos pájaros que despiertan y a veces, el traqueteo de los bastones sobre la tierra que nos espera, ...que esperan nuestros pasos.
Salgo del albergue en busca de un café. Hoy está todo cerrado hasta las 9 de la mañana, por ser sábado. Sólo está abierta la gasolinera, así que dirijo mis pasos hacia allí y desayuno tranquilamente. Me encuentro de nuevo al italiano, que ya ha terminado de tomar su café y se prepara con su mochila para comenzar a caminar rumbo Cáceres. Nos despedimos con un "arivederci", aunque sé será difícil volvernos a ver, pués ellos me llevan una etapa de ventaja.
Me preparo yo también para comenzar a correr aunque antes he de llegar a Alcuéscar andando. La etapa de hoy es Alcuéscar-Aldea del Cano. Como ya expliqué en mi anterior entrada, esta etapa debería haberla hecho antes, pero para organizarme con los horarios de bus, decidí cambiar el orden.
El día está muy nublado. Me encuentro con los peregrinos de Tarragona y nos hacemos una foto para el recuerdo.

Comienzo a andar hacia Alcuéscar y sé que me restan unos 16kms para comenzar a correr. No me agobia mucho la idea de tanta distancia pues voy en plan tranquila y sé que tengo todo el día para acabar la etapa, aunque según mis previsiones antes de las 2 creo que estaré en el coche para descansar y tomarme un día de reposo.
Se anda muy bien, son las 8,30 de la mañana y como hace fresquito me encanta el paseo. Por el camino me encuentro a varios peregrinos que van dirección contraria a mí. Nos saludamos con el "buen camino" que tantas veces se escucha por Galicia. Me sorprendo al ver que todos, la gran mayoría son extranjeros. de todas las edades y de paises diferentes. La noche anterior me contó el italiano que había coincidido con dos lituanas y dos sudafricanos.

En esta zona hay muchos milienarios. Al ir para allá andando me detengo para contemplarlos bien, pues sé que coriendo sólo los miraré desde el sendero.         
                                                                 


El camino es muy bonito y voy contemplando ahora lo que después corriendo no podré observar con tanto detenimiento.
 

Sin apenas darme cuenta llego al pueblo Casaas de San Antonio, que está entre Alcuéscar y Aldea del Cano. Aproximadamente es la mitad del recorrido. A la entrada del mismo coincido con un gran grupo de peregrinos, todos extranjeros. Pierdo un poco la señal del camino y le pregunto a uno de ellos, pero no me entiende. Se nota que mi inglés es muy bueno.
Más adelante en una de las calles de la localidad una señora muy mayor, (o al menos a mí me lo parece), va caminando con su mochila y sus baastones, dando unos pequeñísimos pasos pero constantes. Le pregunto por el camino hacia Alcuéscar y me señala hacia delante. Pero no me debo enterar muy bien, porque pierdo las señales y me veo caminando por la carretera N-630, una vez más.
Alcuéscar se ve a lo lejos, pero voy notando como cada vez me voy retirando y separando más del pueblo. Comienza el agobio del día. sigo caminando por la carretera sin saber a ciencia cierta si me llevará al pueblo, pues cada vez lo veo más retirado hacia mi izquierda, cuando según internet, debo encontrármelo de frente si voy por el camino correcto.
Empieza a llover, y mis ánimos empiezan a deteriorarse un poco. Más que nada por no saber a dónde me conduce el asfalto que piso. Para animarme un poco me tomo el plátano que llevo en uno de mis bolsillos, y así nutrirme un poco.
Intento parar a algún coche para informarme bien. Pero claro está, de nuevo como ayer, no tengo mucha suerte.

Cuando ya me he duchado bien, y voy fresquita, veo que viene una grúa y le hago señales para que pare. El buen hombre se apiada de mí, pues no sólo me informa sino que se ofrece para llevarme al cruce. Me indica que desde allí puedo ir andando a Alcuéscar, son unos 3kms.



Llego por fin al pueblo, muy mojadita, con los pies algo mojados y con unas ganas de un café calentito. Pienso que ya ha pasado lo peor. Atrás se quedan los coches pasando a toda velocidad y salpicándome, las zancadas sin rumbo, y la desesperación de no saber dónde estoy.
Entro en el primer bar que veo y me tomo un café con una barrita energética que llevaba en el bolsillo. Coincido allí con dos peregrinos más. Sus mochilas son gigantescas. Antes de terminar mi café salen bajo la lluvia. Uno de ellos se enciende la pipa y camina fumando serenamente. ¡No había visto aún un peregrino fumando pipa!
No para de llover. Aunque eso no me preocupa. Tampoco los 16kms que me quedan para llegar a la meta de hoy.

El camino empieza al lado del albergue. La portada me resulta bonita, y le hago una foto, con la cruz típica del camino. Este albergue es un convento y se dedican no sólo a atender a los peregrinos, sino también a personas con discapacidad.

Comienzo a correr y la lluvia sólo dura unos segundos. Deja de mojarse la tierra e incluso a veces sale el sol.



El camino está muy embarrado y a veces resbala bastante. En algunos tramos debo dar pasos andando porque no se puede correr con tanto barro.




En los campos me cruzo con ganado que sin molestarse me miran tranquilamente. Hoy me siento un poco más segura que el día anterior con los perros, pues hoy tan solo veo uno en el camino y está tan a gusto que ni me mira.
Cuando llego a Casas de San Antonio tomo varias fotos del puente que hay en la entrada, me parece tan bonito. Va caminando una peregrina delante mía, y también es extranjera.

Entre el trayecto de Casaas de San Antonio y Aldea del Cano me encuentro con un precioso puente con calzada romana. Cuando lo cruzo rezo un padrenuestro por todos los que me apoyáis en mi hazaña. No lo planifico, simplemente me viene esa idea a la cabeza, y entonces comencé a cruzarlo rezando.



Una vez que ya he alcanzado más de 10kms y que comienzo a ver de lejos Aldea, el recorrido se hace mucho más corto, a pesar de terminar en subida. Se sube sin apenas esfuerzo, como si no hubiera andado nada en la mañana. La alegría de saber que un día más llego a la meta sin problemas, sana y salva, hace que aprietes más para subir y realizar los últimos pasos de la etapa 16ª. Chispea un poco, pero ya la meta se ha alcanzado.

viernes, 27 de abril de 2012

Camino de Santiago 15ª etapa

Hoy es viernes 27 de abril y comienza para muchos el puente del 1 de mayo, que afortunadamente puedo disfrutar. Y que mejor opción que seguir el camino de Santiago y aprovechar estos días para recorrer algunos kilómetros más.
Como dice el refrán: " El hombre propone y Dios dispone"...nunca mejor dicho. Aunque llevaba planificada mis etapas, a veces surgen cosillas que una no se espera, pero bueno, que se le va a hacer. Todo peregrino sabe que el camino a veces se hace cuesta arriba.
Esta etapa debería haber sido la 17ª, pero por motivos de enlaces con autobuses y del tiempo me dispongo a cambiar el orden de algunas etapas, es la mejor opción que tengo para poder correr al menos tres días.
Salgo hacia Aldea del Cano en coche a las 3 de la tarde. El día está muy nublado e incluso a veces llueve. Llego al pueblo sobre las 5h. He decidido dormir en el albergue del pueblo. Para mi sorpresa, cuando llego no tengo que pagar. Resulta que unas francesas han pagado y se han ido, no les gustó el sitio, y me dan uno de sus tickets. En el albergue hay ya varias personas y sólo dos camas vacías, una la pillo yo y la otra la coge un chaval que llega después.
Dejo las cosas y me preparo para hacer la etapa de hoy. Si no tardo mucho cogeré el bus de vuelta a las 19,35h. que pasa por Valdesalor, pueblo donde se hallará la meta de hoy.


El camino se hace muy fácil porque prácticamente es llano todo el recorrido. Hay algunos pequeños charcos, pero sin importancia. El clima perfecto porque no hace calor y se va muy bien corriendo. se me olvidó coger mi bote de agua y no podré beber nada hasta que no llegue al pueblo.

Paso por varios campos con rebaños de ovejas y me ladran de lejos y dentro de las fincas los dichosos perritos. Voy tranquila porque están dentro. Lo que no me esperaba fue cuando un perro enorme me salió al sendero a ladrarme con todo su genio. El perro tipo mastín era enorme y tuve que pararme para no pasar por su lado corriendo y evitar así que de un bocado me quite la celulitis de una de mis piernas o quizás de las dos. Cojo un palo grande; (tal y como aconsejan en las web del camino), para intimidar un poco. dió resultado, pues aunque seguía ladrando no se acercó a mí.
Cuando me alejo unos metros de él, sigo corriendo a mi ritmo.
Al poco tiempo se ven las primeras casas de Valdesalor y ya sé que voy a cumplir de nuevo una etapa.






Cerca del pueblo hay un puente precioso con calzada romana. Parece que estoy metida en una maqueta, correr por él me transporta a siglos pasados y no puedo dejar de pensar la cantidad de personas diferentes que habrán cruzado y pisado las mismas piedras que ahora piso yo.

Llego finalmente al pueblo y busco un bar para tomar un café y beber agua. La tarde se ha enfriado mucho, y se ha puesto muy oscura, parece que va a caer el diluvio. Me abrigo y busco un bar.
Por lo visto hay dos, pero ninguno de ellos está abierto.
Veo que el ayuntamiento está abierto, a pesar de ser las 18,20h de la tarde. Entro para preguntar y asegurarme sobre el autobus que pasa por las tardes. La chica que me atiende, no tiene ni idea. Y tampoco en la parada, fría y congeladora, existe ningún cartel que indique los horarios. Bueno sí, para no ser mentirosa, hay un cartel con los horarios pero está medio arrancado y lo poquito que queda ya de él está comido por el sol. ¡En España siempre informamos de lujo!
Sin café y sin información me siento en la desolada parada a esperar que el reloj marque las 19,35h.
Ni que decir tiene que en más de una hora allí esperando me dió tiempo a estirar, a pensar, a cantar, a llamar por teléfono, y a aburrirme de lo lindo. A también y muy importante a morirme de frío. Las uñas las tenía moradas, ya no sabía en que postura sentarme, el frío era horroroso.
No me desespero mucho, la verdad, porque "sana con gusto no pica", y tampoco consiento a mi cabeza en esos momentos que me desmoralice y me quite la "felicidad" que siento de poder estar allí, de poder estar durante el finde haciendo lo que quiero hacer,... correr.
Dice un salmo "Hay tiempo para todo, tiempo de espera, tiempo de recibir, tiempo de cosechar, tiempo de segar..." Y yo intento aplicarme esta tarde estos versículos para no deprimirme...y para concentrarme que nada pasa por casualidad.
Llegan varias personas por la parada y pregunto de nuevo por la hora del bus para asegurarme. Me afirman que pasa a la hora dicha.
LLega la hora y cada vez tengo más frío. Ha empezado a llover a cántaros y me refugio en la parada del agua, aunque no del frío.
Ya se acerca el bus, y me pongo de pie muy contenta. Pero el bus pasa de largo y me deja allí tirada. el conductor ni me mira, y me entra una angustia y una rabia que me impide gritar y chillar, ¡qué cabreo más grande! Me entran ganas de todo, y claro sabiendo que llevo allí más de una hora esperando para nada, que ya son cerca de las 8 y que estoy a once kilómetros de mi coche y del albergue...no me queda otra que ponerme a andar bajo la lluvia, con más penurria, más enfado y con más frío.
Cuando mi reloj empieza de nuevo a marcar los metros, los dos primeros kilómetros se me hacen eternos. Tengo tanto frío que no puedo ni andar, y ni decir tiene que el mismo agobio me impide correr. Se me ha quitado las ganas de un plumazo. ¡Con lo bien que iba el día...!
Va oscureciendo y sigue cayendo agua, aunque ahora más suave. Empiezan a pasar varios coches, voy por la N-630, y sin pensármelo mucho decido comenzar a hacer autostop. Es la primera vez que lo hago, pero si quiero llegar al albergue no me queda otra que intentar que alguien me lleve a Aldea del Cano.
Por supuesto que los coches pasan a gran velocidad y pasan totalmente de mí. Voy mojada, congelada, y debo llevar una pinta con el chubasquero de lo más "chic".
Rezo para que alguien pare, pues llevo mucho frío. Por fin Dios me manda al ángel del día y se para un chico con su ranchera. Cruzo la carretera ya más contenta y dando gracias por haberse parado un alma caritativa, me ha costado pero lo he conseguido.
A los 10 minutos llegamos a Aldea y ya puedo decir que descanso de la jornada. Ha sido dura, pero ya estoy tranquila.
Una vez que llego al albergue, me ducho y me siento en el salón a comer algo.
En el albergue hay una pareja de franceses, un italiano, dos de Tarragona y cuatro hombres más que no sé de donde son pues no hablo con ellos mucho.
El italiano me pregunta que tal la etapa y empezamos a hablar en italiano. Le comento que el próximo jueves tengo un examen y me dice que hable en italiano para así estudiar. Él me va corrigiendo mis fallos,(que son muchos). Me dice que hablo bien. ¡Qué suerte!
Ellos llevan en el albergue desde las 3. Hay un buien ambiente. La mayoría vienen desde Sevilla. Los de Tarragona por ejemplo, llegarán a Santiago en 33 días.
La jornada ha sido larga y dura para todos y nos acostamos prontito.
He aquí una foto con los peregrinos de Tarragona, al día siguiente cuando nos despedimos.