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viernes, 13 de enero de 2012

Camino de Santiago, 10ª etapa

Después de creer que esta etapa iba a ir de nuevo acompañada e incluso llevaría coche escoba para esperarnos en la meta de hoy, al final debo ir de nuevo sola. Hubo cambio de planes, y también cambio de día.
Me dispongo a hacer la etapa desde Zafra hasta Villafranca de los Barros. En total más de 18kms. Nunca he corrido tanta distancia y no sé si llegaré a la meta. No sé si seré capaz de recorrer tanta distancia sola y si mis piernas aguantarán tantos kilómetros.
Llevo hoy zapatillas nuevas, pues con las que corría antes resulta que no eran de running, aunque me las vendieron como tales. Mi última etapa me dañé las rodillas y todo fue de las zapatillas.
Empiezo por las calles de Zafra buscando la Torre de San Francisco desde donde sigue el camino de Santiago.
La tarde está estupenda porque no hace demasiado frío hoy. Se está nublando pero eso me viene bien porque creo que no me dará tanta calor. De hecho el camino no tiene árboles que den sombra, hubiera sido agotador con tanto sol encima.
El camino va siempre entre campos, casas y fincas. Por él transcurren muchas personas, unos que van a trabajar en esas tierras, otros a caballo, otro con sus perros...siempre me voy encontrando gente. Menos en los kilómetros intermedios que parece que voy sola en el mundo pues no se escuchan ni perros ni coches. La carretera se ha quedado alejada, y solo veo a mi alrededor vid.
Me llama la atención que durante este trayecto no me encuentro ningún azulejo de la concha. Sólo cuando recorro los últimos 4 kms. cerca de Villafranca, empiezo a ver esa maravilla plasmada en cerámica. ¡Qué alegría dar verlas!
Otra cosa curiosa es los dos pozos que me encuentro al lado del camino. Me asomo a uno de ellos y tiene agua. Son cuadrados y están abiertos.
Me viene un olor inmenso a margarita, y miro hacia la izquierda y observo un campo minado de flores. Parece que ha nevado pues está todo blanco cubierto de margaritas. Me recuerda a los campos en Aroche, que en enero ya empiezan también a florecer y se cubren los campos de un manto blanco.
Los primeros kilómetros se hacen siempre más pesados, pues mientras se va calentando el cuerpo el tiempo pasa pero no así los kilómetros.
No os he dicho que a tres kms de Zafra paso por Los Santos de Maimona. Por fin llego al pueblo que en mi anterior etapa tenía previsto llegar. Cruzo todo el pueblo y se me hace un poco pesado, pues no veo la hora de salir de él. La gente me mira, pues hay un entierro y van mucha gente por la calle. Me da un poco de corte pasar delante de todas esas personas, pero como voy siguendo la flecha, ésta te lleva siempre a la Iglesia del pueblo y para no perderme no busco otra opción. Cuando salgo del pueblo llevo casi cinco kms. Voy pensando en mi llegada a meta, en la hora, en si seré capaz de llegar,...Aún me falta mucho y prefiero seguir dando pasos a pensar tanto.
Las peores cuestas de hoy ya las he dejado atrás, con lo cual lo único que tengo que hacer es mantener un ritmo constante y seguir que el gps siga aumentando su kilometraje.
El sendero tiene rectas inmensas. Veo a lo lejos un ciclista que se acerca. Nos cruzamos y nos saludamos.
Durante el recorrido paso por dos antiguas y derruidas ermitas, bastante grandes. Me imagino que en tiempo tuvieron que ser importantes, para estar en el camino y para encontrarse en medio de la nada.
Sigo mirando el reloj y poco a poco voy llegando a los 10kms. Miro hoy mucho el reloj porque si llego antes de las 6,45h. podré coger el autobus que me lleve a Zafra donde he dejado mi coche. Si no es así tendré que esperar dos horas al próximo. Intento no obsesionarme con el tema y me concentro en sólo seguir dando pasos.
Mi objetivo ahora es llegar a un cruce en el que hay que cruzar las vias del tren, la carretera nacional y pasar por debajo de la autovía. Si llego allí, sé que llegaré a Villafranca. Si no mal recuerdo en internet indicaban que ese cruce está a 13kms y algo. Cuando voy llegando a esa suma de kilómetros llego justamente a ese cruce y me pongo muy contenta. Ahora sé que llegaré, aunque no sé si a la hora que quiero, pero eso ya no depende sólo de mí.
Toda esta ruta está muy bien señalada, no hay lugar al equívoco, así que me alegro y doy gracias a los encargados de ir señalando el camino.
Me voy quedando con poca agua, y mis piernas notan ya un cansancio especial, pero siguen moviéndose, aunque a veces no sé cómo.
Cruzo las vías del tren, llego a la carretera N-630. Voy corriendo por ella unos metros, hasta que se me indica que cruce a la derecha y que pase al carril que me llevará a Villafranca. Veo un cartel en la carretera que indica que se encuentra a tres kms. y tengo la tentación de seguir por la carretera para llegar antes, pues ya son más de las 6h. y según mis cálculos por el carril me quedan 4kms. Pero se me va rápido este pensamiento porque yo he venido a hacer el Camino de Santiago y no a coger atajos. Así que sin darme tiempo ni a pensar sigo por el sendero de tierra. Sé que tengo menos de media hora para hacer esos 4kms. Pero a la vez me relajo y pienso que es mejor disfrutar del momento y no pensar que pasará dentro de media hora. Así que empiezo a disfrutar sabiendo que gracias a Dios voy a conseguir una vez más realizar una ruta del camino corriendo, y sin saber cómo aún, mis piernas van a soportar una cifra que jamás antes había superado, 18,440 kms. Ya se ve Villafranca de lejos. El cielo está nublado pero el sol ilumina todas las casas, y como si pareciese algo divino, "veo la luz al fondo". De pronto me veo una cuesta inmensa de larga y de las que van subiendo lentamente. De las que te dejan ya caos. Tengo que parar unos segundos para tomar aire. Bebo. Ya sólo me queda un trago de agua. Respiro profundamente y pienso "¡eso está hecho!". Empiezo a subir y cuando llego de nuevo a un llano intento apretar un poco más. "Tengo que llegar, tengo que llegar". Son las 6.20h. y ya veo las primeras calles, y a lo lejos el cuartel. Sé que la parada de autobuses está cerca. Cruzo la carretera, la rotonda, y me encamino hacia la primera calle del pueblo. No quiero parar de correr hasta que no pise la primera acera que me encuentre. ¡Por fin he llegado! Estoy pisando la acera.
Pregunto a varias niñas por la estación y me indican. Al momento se me acerca un ciclista y me pregunta: "¿qué problema tienes?" Y al mirarme me dice sorprendido:"¡Tú eres la que me he cruzado corriendo!" Le contesto que sí que soy yo y que quiero ir a la estación. El chico me indica y me dice que está a 500 metros. Salgo a correr, porque ahora sí que no quiero perder el autobus por nada del mundo. El chico está como yo, que aún no me lo creo. Estoy realmente sorprendida. Y muy, pero que muy contenta. ¡Gracias Dios mío!

miércoles, 4 de enero de 2012

Camino de Santiago, 9ª etapa



Han pasado ya muchos días desde mi última salida, entre unas cosas y otras no he podido continuar mi camino. Hoy decido seguir y me levanto con ganas de correr y de hacer una buena rodada. Quiero llegar hasta Los Santos de Maimona, así que me esperan 13 kms de aventura.
Salgo desde Medina de las Torres. Llego ya cansada, no sólo por el viaje y la carretera, sino porque hoy que estoy de vacaciones y es día laboral he decidido sellar mi credencial por los pueblos que he ido pasando anteriormente, ya que en ninguno de ellos conseguí que me pusieran el sello. ¡Por fin lo consigo! Aunque en algún lugar fue más difícil que en otro, al menos llego a la salida de hoy con la credencial al día.
Sobre las aceras me empiezo a encontrar las primeras señales. Me desvío de las recomendaciones que he visto por internet, puesto que las señales me alejan de la carretera. Más adelante me daré cuenta de mi error, pues cojo ruta equivocada.


A la salida del pueblo pregunto a unos hombres que pasean bajo el sol radiante casi primaveral del 4 de enero del 2012. Me indican hacia un sendero que va paralelo a la vía del tren.
El camino hoy es feo, seco, sin apenas árboles por no decir que casi ninguno.
Las vías del tren siguen a mi lado, pero hoy nos separa una malla.
Se escuchan de lejos los coches que van por la carretera que conduce hacia Puebla de sancho Pérez y Zafra. Pienso en la tranquilidad del campo y de la paz que respiro alejada del ruido de esos motores.
Llego a una bifurcación, no veo ninguna señal hoy, ni una sola flecha amarilla ni azulejo de concha. Decido seguir paralela a la vía del tren, sé que tarde o temprano llegan a Zafra.
A lo lejos cuando llevo 5kms veo un pueblo. Medina de Zafra está a 8 o 9. Pienso que es Zafra y me pongo contenta, pues voy a buen ritmo.
Mis rodillas van fatal, me duelen mucho y el dolor se hace cada vez más intenso. Tanto que estoy deseando llegar a Zafra y terminar por hoy la etapa. Se me hacen muy duros cada uno de mis pasos, porque cada vez me duele más y aguanto menos el dolor. Adios a la opción primera de llegar a Los Santos. Eso implica que mi próxima ruta será horrorosa de dura.
Y mientras voy pensando en estos pésimos sentimientos y en la desilusión de tener que para antes de los previsto, voy acercándome al pueblo. Pero a medida que me voy acercando no se me parece en nada a Zafra.
Mis presentimientos se hacen realidad cuando llego al pueblo y veo las primeras casas. Se trata de Puebla de Sancho Pérez, y no de Zafra. ¡Qué desilusión más grande! porque las rodillas me duelen muchísimo.
Pregunto a un hombre cómo llegar a Zafra por el camino de Santiago y me indica hacia la dirección que yo traía. Se me hace un mundo volver hacia atrás para tomar la calle que me ha indicado. No estoy para volver ni para intentar atajar caminos intentando orientarme entre las calles de un pueblo que desconozco, así que decido continuar por la carretera hacia la salida hacia Zafra. Eso supone hacer una vuelta tremenda y realizar más kilómetros de los debidos. Mis rodillas protestan,...y lo hacen con razón.
Cuando por fin llego a la salida del pueblo dirección Zafra veo varias señales en la carretera que me indican que siga por esa vía. Después ya en casa compruebo por mi cuñado y también por internet que no es esa ruta.
Hay dos kilómetros entre un pueblo y otro, pero a mí me parecieron la maratón. No veía la hora de llegar, y parecía que me alejaba en vez de acercarme.
De nuevo llego a una bifurcación y le pregunto a un hombre que va en bici cuál debo coger para llegar antes a la plaza de toros. Sigo las indicaciones y continúo corriendo.
Ya casi llegando a las primeras calles del pueblo me alcanza un hombre corriendo y al explicarle mi aventura y mi necesidad de llegar a la plaza de toros, me acompaña gentílmente y me va dando conversación durante esos minutos que vamos juntos. Se me hace así menos pesada mi llegada a la meta de hoy. ¡He llegado a Zafra, aleluya por mis rodillas!

sábado, 17 de diciembre de 2011

Camino de Santiago, 8ª etapa

Hoy sábado aprovechando que mi amiga Carmen va a estar en Medina, decido ir a hacer la siguiente etapa, la que va desde Valencia del Ventoso hasta Medina de las Torres, y al finalizar la etapa ella me podrá llevar a mi coche.
Hace mucho frío, y voy abrigada. El viento es espantoso y hace que no entres en calor tan fácilmente.
Comienzo el camino, y me parece como los días anteriores, precioso. Los campos están verdes y llenos de luz. Hoy he comenzado la etapa más tarde y se nota que el sol calienta un poco más, aunque muy poquito.
Voy siguiendo las anotaciones del la web mundicamino, que la verdad me ayudan mucho. Aunque la primera cancela verde que dicen que me encontraré, ya no es verde, es negra. Voy con mucho cuidado para no perderme, porque mi cuñado junto con otro se perdieron con la bici por este tramo.
Cada vez me va gustando más por los sitios que voy pasando. El camino es una pasada.


Hoy he decidido que voy a dedicar mis oraciones de mi peregrinaje por mi familia, y con vuestro permiso, especialmente por mi hermana Mª Loli para que Dios le ayude en su nueva etapa. Bueno, no os he dicho, que cada vez que puedo voy rezando. No siempre puedo, porque a veces el cansancio me aturde. Hoy he podido, en algunas ocasiones.

Llego al río Bodión. Las indicaciones dicen que lo pase por las piedras. ¡Pero madre mía! qué difícil, es imposible. Lleva mucha agua y no sé por donde pasar. Me mojo un pie, me pincho con los juncos. Me vuelvo a pinchar con una zarza. Voy por la orilla buscando por donde pasar, ningún sitio veo adecuado. por fin me decido y me quedo sobre una piedra sin atreverme a dar el siguiente psao. Se me hace lejano el siguiente apoyo. después de mucho pensar, no sé si desatarme los zapatos y pasar descalza o buscar otra alternativa. El agua está congelada. Me decido y salto, y tengo suerte. He llegado a la siguiente piedra. Pero me vuelvo a encontrar con el mismo problema, aunque con una piedra diferente. Ahora es más chica y no me cabe el pie. No hay más remedio que mojarse. "¿Y si me resbalo y doy el culazo?" Llevo pocos kilómetros y sé que mojada no podré dar ni una zancada más. No lo pienso más y "¡allá voy!", he tenido suerte, ya voy llegando a la orilla.

¡Qué alegría verme en tierra firme. Busco la conchita que veía desde el otro lado de la orilla, y tanta alegría me da que me hago una foto con ella.


Tengo que pasar ahora una cancela, pero no soy capaz de abrirla. Encima pone que es una zona vigilada. ¡Madre, a qué todavía me detienen! No puedo abrir la cancela y tengo que saltarla. Apenas tengo fuerzas para auparme, pero finalmente lo consigo. A los 100ms vuelta a empezar, otra cancela. Pero esta vez se abre fácilmente.
Comienza una cuesta de "las malas". Debo dejar una casa a la derecha, ya ahí está la casa, pero dudo si debo seguir por el camino o pegarme más a la casa. decido seguir por el sendero marcado con rodadas de ruedas, y menos mal, no me equivoco. A los pocos metros la flechita amarilla.
La cuesta es tremenda, sigue y sigue y no acaba.

Por fin llego a un cruce de caminos y me encuentro con otra conchita. Las piernas se me han quedado flojas, de tanto subir, cuando comienzo a ver otra cuestecilla. Para colmo me sale un cerdo corriendo detrás mía. ¡Qué horror! Más no puedo apretar y el muy tontaina me obliga a ello porque no hay manera que pare de correr. ¿Quién los entrena? ¡Para mí quisiera yo esa fuerza! Le tiro varias piedras, y ya por fin me deja respirar.

Llego de nuevo a la vía férrea, aquella que crucé con María. Ya sé que me voy acercando al objetivo.
Comienza una bajada que me viene muy bien para descansar y reponer fuerzas. De nuevo llego a un río, pero antes tengo que pasar una valla, y no hay manera de abrirla. Tengo casi que arrastrarme para pasar por debajo.
Las piedras para vadear el río, muy sucio por cierto, están mejor que las del río Bodión, aunque claro, no tiene la misma belleza. al cruzar a la otra orilla, ya se´que me faltan sólo 3 kms. Llevo 8 y medio, y ya saboreo la meta.
No sabía yo que aquellos últimos kilómetros iban a ser tan pesados. comienza una cuesta que dura dos kms. Para colmo, el terreno varía, y está totalmente embarrado, con lo cual se pega a la suela del zapato y aumento varios centímetros. Además de subir, lo cual ya notan mis piernas, debo soportar la pegajosa arcilla que cada vez está más adosada a mis zapatillas y que voy notando por el peso. Se hace casi imposible correr, las mallas se me llenan de barro por todos sitios. Loas zapatos están asquerosos. Pero miro mi reloj y va quedando menos.

No se divisa ni una sola casa, solo campos. Da un poco de agobio no ver la meta en el horizonte a pesar de saber que vas por el camino adecuado, pero se te hace más eterno y más cansino.


Miro de nuevo el reloj, y la cuesta ya debe ir acabando, estoy llegando a los kilómetros previstos. Y tras una torre de la luz, diviso por fin el campanario y a su alrededor las casitas blancas y bajas de Medina. ¡Lo he conseguido, gracias Dios mío!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Camino de santiago, 7ª etapa


Hoy es miércoles, único día entre semana que no tengo "obligaciones". En Aracena está lloviendo, chispeando. Mando mensaje a mi hermano y en Segura no. Así que no me lo pienso y paso de la siesta y me visto decidida a ir a por mi 7ª etapa. aunque hago varios intentos, nadie me puede acompañar hoy. así que me voy nuevamente sola en mi coche.

Lo dejo aparacado justo en el sendero donde el día anterior habíamos trazado la meta.
La tarde está maravillosa, con mucho sol, y nubes lejanas. Nada que ver con la tarde en Aracena.

Me voy muy abrigada porque hace frío, aunque rápidamente me empieza a sobrar casi todo. Voy buscando el camino hacia la izquierda de la carretera a dos kms de mi coche, y por fin diviso la primera concha del día.
El sendero promete, pero pronto me veo sin saber bien hacia donde ir. Llego a una cancela en la que se puede leer "Los Cuchilleros" y coincide con mis datos, pero pasar la cancela tal y como indica la señal no me apetece mucho pues hay muchas vacas y todas mirándome, como queriendo saber si me decido o no a entrar, para salir ellas detrás mía supongo. Intyento abrir la cancela y con la misma la vuelvo a cerrar. ¡No soy tan valiente! Me las ingenio para poder llegar a la cancela que veo a unos 100 metros evitando las vacas. Me salto la pared, doy un rodeo, me vuelvo a saltar otra, y cuando creo haberlo conseguido me encuentro con una alambrada. Vuelvo a saltar por un tramo derruido. Y vuelvo a encontrarme con el mismo problema, más vacas, más vacas que me miran.

Me desespero. Veo que el sendero sigue en el horizonte. En ese horizonte entre vacas. pero lo siento, no puedo y decido volver sobre mis pasos para volver a la carretera y hacer hoy el tramo por ella.

Antes de volver hacia atrás pienso que quizás recortando campo a través en linea recta llegue a la carretera, y así lo hago. vuelvo a saltarme se un campo a otro por las paredes de piedras que los limitan. Menos mal que en Extremadura no hay demasiados campos vallados con alambradas, así es más fácil pasar.

Justo cuando llevo unos metros me encuentro con una señal amarilla que me indica que voy bien. Lo cual primero me da muchísima alegría y después me demuestra que la señal marcada en la cancela de "Los Cuchilleros" está equivocada, porque te hace creer que tienes que atravesar el campo. Y no es así, hay que coger hacia la derecha.

Llego al río Árdila, río que tenía anotado para traspasarlo. Se vadea por unas piedras y aprovecho mi alegría para hacerme unas fotillos sobre ellas.


Llego de nuevo a la carretera, ya ya sé que no hay pérdida, porque todo el trayecto es a través de asfalto, no hay otra opción marcada.
Paso por una ermita, muy blanca, muy bonita. Me ladran unos perros que están dentro de un campo, y yo sigo a lo mío, a dar una y otra zancada.

El final de la etapa se hace pesado porque termina en cuesta y es algo más de un kilómetro.

Como llego temprano al pueblo, Valencia del Ventoso, busco un bar para tomar un café. ¡Hoy me lo merezco! Le pregunto a unas mujeres dónde encontrar un bar. Me indican uno que me parece estar en el quinto pino. El gps me muestra que está tan solo a 300 metros. Se me hace eterno. Llego y está cerrado. No soporto la idea de quedarme sin un café, pues me dicen los vecinos asomados a sus puertas que si ese está cerrado, los demás tanmbién.

Al segundo sale la dueña del bar que va a abrirlo. Son las 6 de la tarde, hora de abrir-me dice ella. Luego me comenta que antes no va nadie.

Me tomo mi cafelito que me sabe a gloria. Le cuento a la mujer que he llegado corriendo y que necesitaba un café, además de agua, claro. Al contarle que estoy haciendo el camino, la mujer se ofrece para lo que necesite.

No me paro mucho, aunque la conversación es amena, porque debo volver al coche antes que anochezca, y ya son más de las 6.

Pienso volver andando, pero como la salida del pueblo ahora es cuesta abajo, me dejo caer, hasta donde llegue o hasta donde me canse. Sigo, sigo,...y ya decido volver todo el trayecto corriendo. Y menos mal, finalmente se me hizo de noche, pero ya veía mi coche de lejos.

Vuelvo en coche al pueblo, porque la mujer del bar me ha indicado que hay misa a las 7,30 y aún no he podido sellar mi credencial ningún día. Por el camino voy pensando que aunque aún es temprano, las 6,40h no me importaría quedarme a misa. Y así es como realizaría una etapa de peregrina total, con misa incluida. Llego a la iglesia y me indica un hombre que precisamente los miércoles no hay misa por la tarde, que son por las mañanas. "Mi gozo en un pozo". Ni misa ni sello en mi credencial.

De todas formas vuelvo contenta, he podido realizar una etapa más.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Camino de Santiago, 6ª etapa




Hoy estoy muy contenta, por fin voy a ir acompañada. Mi amiga y compañera María Serrano se anima a venirse conmigo.
Mi cuñado Manolo nos lleva a Segura de León. Nos vamos a las 9, para hacer la ruta tempranito. El día está bueno. Cuando llegamos hay algo de niebla, pero le da un encanto especial a toda la ruta.



El camino es precioso. Transcurre la mayoría del tiempo entre encinas, que están envueltas por la niebla. Nos hacemos fotos y salen geniales. Bueno al menos a mí me lo parecen.



Hoy la ruta es más larga que otros días, sobre 12kms, pero la mayoría del tiempo es bajando o llano, y por eso he animado a María para que se venga, porque sé que ella puede hacerlo.

Pasamos nuestra primera agonía a los 4kms. No sabemos muy bien si hemos cogido el camino adecuado. No hay señal y vamos subiendo. No me atrevo a decir nada, para no desanimar. Yo mismo voy notando el desánimo en mis piernas. Me cuesta mucho dar una zancada. Pero sigo sin comentarle nada a María. No puedo ni pensar estar subiendo equivocadamente. esta idea me va hundiendo, y no quiero dar muestra de mucha preocupación, pero tenemos que comprobar primero que no nos hemos equivocado.

Más adelante, cuando ya hemos subido bastantes metros, por fin nos encontramos la flecha amarilla que nos indica la dirección del Camino de Santiago, y nos certifica que vamos bien. ¡qué alegría dan verlas en el camino!

Nos encontramos con un hombre que primero se nos queda mirando y después nos pregunta si vamos a la dehesa. Nos hace gracia, por su particular tonillo. Ese que tienen los extremeños del sur. María ni se entera de qué ha dicho, piensa que es portugués. Y nos hace reir. Eso nos hace olvidar el mal rato que habíamos pasado unos kilómetros antes, y seguimos animadas sin parar de correr.



En un tramo de algunos metros hay una subida con muchas piedras sueltas. Mi cuñado ya me había avisado, y hay un momento que preferimos dar unos pasos andando. ¡Qué Santiago nos perdone!

El sendero se estrecha y vamos recorriendo una calzada, parece romana, pero creo que es más bien del terreno propio del lugar. Muy pedregoso. De hecho los campos tienen unas piedras enormes. Parece el pais de los picapiedras. Unos días después me vengo a enterar que por esos campos se grabaron algunos episodios de Curro Jiménez.


Ya vemos la vía del tren, la que va de Zafra a Huelva. Nos da alegría, mucha, porque sabemos que la meta de hoy está muy próxima a ella. Nos paramos a hacernos algunas fotos.

A los pocos metros, ya vemos a mi cuñado que lleva un buen rato esperándonos en su coche.

Gracias a los dos por acompañarme en mi sexta etapa.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Camino de Santiago, 5ª etapa

Hoy me toca realizar la etapa desde Fuentes de León hasta Segura de León. Realizo la etapa durante un día entre semana para aprovechar que mi hermano que está trabajando en Segura me acerque después a Fuentes, a por mi coche.
Hoy es una etapa corta, así que no creo que me vaya muy mal. Son pocos kms. La tarde se ha puesto muy fría, pero hace muchos días que dejé mi última etapa y ya no aguantaba más. Además debo aprovechar las ocasiones,...no sabemos qué pasará mañana.
Hago la salida justo al lado del bar donde me dieron agua. Comienza la etapa con una cuesta, que va dirigiéndome a la salida del pueblo. Las piernas se resienten un poco, por que es una mala salida, la de empezar con tanta subida. Sé que va a ser hoy menos distancia e intento tranquilizarme y mentalizarme que yo puedo hacerlo.
Salgo por fin del pueblo y voy buscando la ermita blanca de donde comienza el carril. No me gusta correr mucho por la carretera, y a pesar de no conocer el camino, prefiero meterme por él que ir por el asfalto. Al fin llego, y veo la primera conchita del día. Me hago una foto, como de costumbre, porque he tomado esa tradición, una foto con la primera conchita del día. salgo fatal en la foto, porque hoy tengo un ojo hinchado, me picó en la cama por la noche algo y he tenido el ojo medio cerrado todo el día. La foto horrorosa, pero queda para anécdota y para el recuerdo.


El camino me parece una maravilla, una preciosidad. Empiezo a acordarme de algunas personas a las que les gusta caminar y a las que sé que les encantarían acompañarme. Me da rabia no poder mostrarle la belleza de estos campos, el sendero, esas paredes de piedras tan bien dispuestas,...esos colores, mezclados con el color del horizonte, y con los olores del campo, del frescor, de las candelas...
Voy como embrujada, corriendo entre un bosque de pinos ahora, de olivos después...de encinas preciosas,...de perros que se oyen ladrar en lo lejano,... del silencio que me envuelve,...de la alegría de ver Segura de lejos, a sabiendas que de nuevo voy a ver cumplido hoy mi pequeño sueño, mi locura, mi quinta etapa,...estoy llegando a Segura y las piernas ya van solas.

Mi hermano me está esperando, lleva el pobre media hora pasando frío en el cruce. Viendo pasar coches y camiones, escuchando el ruido de los motores sin cesar, mientras yo he estado saboreando de otros sonidos, de otros olores,... que afortunada he sido, que afortunada me sigo sintiendo.
Mi hermano me acerca a ver dónde continua el camino, el que haré en mi siguiente etapa. Estoy tan feliz, que sé que será pronto.
Luego me lleva a su instituto, a su piso congelador,...y después a recoger mi coche a Fuentes. ¡Gracias Dios mío por los coches escobas que me das! Nos tomamos un café, precisamente en el bar ya anteriormente mencionado. Nos atiende esta vez el marido. hablamos con él, echamos un ratillo hablando de cosas. Mi hermano le explica qué estoy haciendo. Y yo sigo en mi nube, feliz...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Camino de Santiago, 4ª etapa

Hoy es sábado, y me he levantado con ganas de correr. Me encamino con el coche hasta Cañaveral de León. La carretera está en obras y tengo que dar un rodeo para llegar. No me importa, estoy feliz. Casi está amaneciendo, es muy temprano, pero el día está fabuloso, sin una nube. Llego a Cañaveral, son las 9 de la mañana, creo que mucha calor no voy a pasar por la hora, con lo cual pienso que algo a mi favor ya tengo.
Me encamino hacia la carretera que va hacia Fuentes de León. Me esperan 8 apasionados kms. Comienzo a rodar suave, y al kilómetro escaso ya empieza la primera cuestecilla, larga y algo empinada. Empiezo ya a sudar y a pasar algo mal, pero por otra parte me llena de orgullo poder estar ahí, subiendo corriendo esa cuesta, haciendo mi particular camino. Sigo, sin mirar mucho al final de la cuesta. Me encuentro con un hombre, que va bajando, ¡qué suerte! Me saluda, y pienso :"dirá que estoy loca; ¿si él supiera?"...


Llego a un mirador, y me paro. Primero para recuperar algo de fuerza y segundo para contemplar las maravillosas vistas. Es preciosa mi sierra.



A pocos metros está el límite de provincia, no me lo puedo creer, estoy ya en tierras extremeñas. ¡Qué subidón! Encima empieza una cuesta abajo, ¡qué alegría!


La carretera es muy estrecha en algunos momentos, con curvas cerradas. Van pasando coches, se notan que son hombres que van al campo a trabajar. Me miran. No paran de mirarme cada uno. "¿Quizás se pregunten de dónde vengo? ¡Ay si supieran!"



La carretera sigue siempre igual, curvas cerradas, cuestas cortas, y otras más pesadas, algún rellano y vuelta a empezar. Voy con mi bote de agua, y me está viniendo bien. hoy al menos puedo ir bebiendo. aunque no estoy acostumbrada a llevar cosas en la mano cuando corro, es algo incómodo, pero a medida que van pasando los kms. se me va olvidando y molesta menos.
Miro una y otra vez el reloj, ya queda menos. Sé que habrá una gran cuesta al final del recorrido de hoy.
Dos kilómetros antes de llegar, empieza una cuesta pesadita, que no para. Veo las casas del pueblo, y parecen que en vez de acercarse se van alejando más. La cuesta sigue y no para, sus curvas me engañan, cada vez que pienso que ya llego se vuelven a desviar más. No veo el momento de llegar, se me hace "cuesta arriba", y nunca mejor dicho.
Ya voy llegando, aprieto un poco más. Ya me siento en la meta, ya queda poco,... ya veo el cartel de "Fuentes de León" y me hago una foto para demostrar que he llegado.

Voy andando hacia el centro del pueblo en busca de una fuente porque me he quedado sin agua. No encuentro ninguna. Le pregunto a una mujer y me dice que no hay, que no hay ninguna en el pueblo que eche agua. Le echo cara al asunto y entro en un bar, el único que veo abierto a las 10 de la mañana un sábado de septiembre. La mujer muy agradable, me llena el bote de agua fresquita y más cuando le digo que vengo desde Cañaveral corriendo y ahora tengo que volver a recoger mi coche.
La vuelta atrás la hago andando, pero no me resulta pesada. Vuelvo feliz de haber podido realizar una nueva etapa de mi locura.