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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Camino de Santiago, 5ª etapa

Hoy me toca realizar la etapa desde Fuentes de León hasta Segura de León. Realizo la etapa durante un día entre semana para aprovechar que mi hermano que está trabajando en Segura me acerque después a Fuentes, a por mi coche.
Hoy es una etapa corta, así que no creo que me vaya muy mal. Son pocos kms. La tarde se ha puesto muy fría, pero hace muchos días que dejé mi última etapa y ya no aguantaba más. Además debo aprovechar las ocasiones,...no sabemos qué pasará mañana.
Hago la salida justo al lado del bar donde me dieron agua. Comienza la etapa con una cuesta, que va dirigiéndome a la salida del pueblo. Las piernas se resienten un poco, por que es una mala salida, la de empezar con tanta subida. Sé que va a ser hoy menos distancia e intento tranquilizarme y mentalizarme que yo puedo hacerlo.
Salgo por fin del pueblo y voy buscando la ermita blanca de donde comienza el carril. No me gusta correr mucho por la carretera, y a pesar de no conocer el camino, prefiero meterme por él que ir por el asfalto. Al fin llego, y veo la primera conchita del día. Me hago una foto, como de costumbre, porque he tomado esa tradición, una foto con la primera conchita del día. salgo fatal en la foto, porque hoy tengo un ojo hinchado, me picó en la cama por la noche algo y he tenido el ojo medio cerrado todo el día. La foto horrorosa, pero queda para anécdota y para el recuerdo.


El camino me parece una maravilla, una preciosidad. Empiezo a acordarme de algunas personas a las que les gusta caminar y a las que sé que les encantarían acompañarme. Me da rabia no poder mostrarle la belleza de estos campos, el sendero, esas paredes de piedras tan bien dispuestas,...esos colores, mezclados con el color del horizonte, y con los olores del campo, del frescor, de las candelas...
Voy como embrujada, corriendo entre un bosque de pinos ahora, de olivos después...de encinas preciosas,...de perros que se oyen ladrar en lo lejano,... del silencio que me envuelve,...de la alegría de ver Segura de lejos, a sabiendas que de nuevo voy a ver cumplido hoy mi pequeño sueño, mi locura, mi quinta etapa,...estoy llegando a Segura y las piernas ya van solas.

Mi hermano me está esperando, lleva el pobre media hora pasando frío en el cruce. Viendo pasar coches y camiones, escuchando el ruido de los motores sin cesar, mientras yo he estado saboreando de otros sonidos, de otros olores,... que afortunada he sido, que afortunada me sigo sintiendo.
Mi hermano me acerca a ver dónde continua el camino, el que haré en mi siguiente etapa. Estoy tan feliz, que sé que será pronto.
Luego me lleva a su instituto, a su piso congelador,...y después a recoger mi coche a Fuentes. ¡Gracias Dios mío por los coches escobas que me das! Nos tomamos un café, precisamente en el bar ya anteriormente mencionado. Nos atiende esta vez el marido. hablamos con él, echamos un ratillo hablando de cosas. Mi hermano le explica qué estoy haciendo. Y yo sigo en mi nube, feliz...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Camino de Santiago, 4ª etapa

Hoy es sábado, y me he levantado con ganas de correr. Me encamino con el coche hasta Cañaveral de León. La carretera está en obras y tengo que dar un rodeo para llegar. No me importa, estoy feliz. Casi está amaneciendo, es muy temprano, pero el día está fabuloso, sin una nube. Llego a Cañaveral, son las 9 de la mañana, creo que mucha calor no voy a pasar por la hora, con lo cual pienso que algo a mi favor ya tengo.
Me encamino hacia la carretera que va hacia Fuentes de León. Me esperan 8 apasionados kms. Comienzo a rodar suave, y al kilómetro escaso ya empieza la primera cuestecilla, larga y algo empinada. Empiezo ya a sudar y a pasar algo mal, pero por otra parte me llena de orgullo poder estar ahí, subiendo corriendo esa cuesta, haciendo mi particular camino. Sigo, sin mirar mucho al final de la cuesta. Me encuentro con un hombre, que va bajando, ¡qué suerte! Me saluda, y pienso :"dirá que estoy loca; ¿si él supiera?"...


Llego a un mirador, y me paro. Primero para recuperar algo de fuerza y segundo para contemplar las maravillosas vistas. Es preciosa mi sierra.



A pocos metros está el límite de provincia, no me lo puedo creer, estoy ya en tierras extremeñas. ¡Qué subidón! Encima empieza una cuesta abajo, ¡qué alegría!


La carretera es muy estrecha en algunos momentos, con curvas cerradas. Van pasando coches, se notan que son hombres que van al campo a trabajar. Me miran. No paran de mirarme cada uno. "¿Quizás se pregunten de dónde vengo? ¡Ay si supieran!"



La carretera sigue siempre igual, curvas cerradas, cuestas cortas, y otras más pesadas, algún rellano y vuelta a empezar. Voy con mi bote de agua, y me está viniendo bien. hoy al menos puedo ir bebiendo. aunque no estoy acostumbrada a llevar cosas en la mano cuando corro, es algo incómodo, pero a medida que van pasando los kms. se me va olvidando y molesta menos.
Miro una y otra vez el reloj, ya queda menos. Sé que habrá una gran cuesta al final del recorrido de hoy.
Dos kilómetros antes de llegar, empieza una cuesta pesadita, que no para. Veo las casas del pueblo, y parecen que en vez de acercarse se van alejando más. La cuesta sigue y no para, sus curvas me engañan, cada vez que pienso que ya llego se vuelven a desviar más. No veo el momento de llegar, se me hace "cuesta arriba", y nunca mejor dicho.
Ya voy llegando, aprieto un poco más. Ya me siento en la meta, ya queda poco,... ya veo el cartel de "Fuentes de León" y me hago una foto para demostrar que he llegado.

Voy andando hacia el centro del pueblo en busca de una fuente porque me he quedado sin agua. No encuentro ninguna. Le pregunto a una mujer y me dice que no hay, que no hay ninguna en el pueblo que eche agua. Le echo cara al asunto y entro en un bar, el único que veo abierto a las 10 de la mañana un sábado de septiembre. La mujer muy agradable, me llena el bote de agua fresquita y más cuando le digo que vengo desde Cañaveral corriendo y ahora tengo que volver a recoger mi coche.
La vuelta atrás la hago andando, pero no me resulta pesada. Vuelvo feliz de haber podido realizar una nueva etapa de mi locura.

domingo, 21 de agosto de 2011

Camino de Santiago, 3ª etapa

Hoy me he levantado temprano, y he decidido hacer la siguiente etapa, la que no pude terminar el día anterior. Me voy en el coche hacia Cañaveral de León. Cuando llego hay mucha gente en la calle. Algo ha pasado, pues no son ni las 10 de la mañana. "¿Será éste el percance de la etapa de hoy?"- me pregunto.
Hay guardias civiles y una ambulancia. Me temo algo malo. Me encuentro con una mujer de Aracena, que pasa unos días en su pueblo, en Cañaveral. Me cuenta lo sucedido. Un hombre mayor se ha suicidado en la laguna. ¡Pobre hombre!
Aunque está acordonado el paso hacia el camino que debo coger, paso sin que me vea nadie.
Empiezo a caminar hacia el punto donde me quedé el día anterior. El camino me gusta, porque se va alejando de la civilización y sólo se escucha los animales del campo. El campo está muy seco, se nota que es tiempo estival.
Sin embargo paso por un pequeño arroyo que lleva bastante agua. Más adelante me encuentro con una cancela abierta. Dentro las dichosas vacas. ¡Me da pánico! Pienso si no tendré un nuevo percance. Paso silenciosamente y sin quitarle ojo. "¿Quién deja una cancela abierta con vacas? También ese día el mismo miedo me hace rezar. "Más vale prevenir". Llego al punto de la salida de mi tercera etapa.
Empiezo a volver sobre mis pasos pero corriendo. Son más de las 11 de la mañana, al final se me ha hecho tarde y comienza a apretar la calor. Llevo agua, pero ya menos que al principio.
En ese momento me acuerdo de nuevo de las vacas. "¡Otra vez tener que pasar a su lado! ¡Dios mío que hayan cerrado la cancela!" No tengo esa suerte y la cancela sigue abierta. Dejo de correr por si acaso se asustan y paso andando. Me miran y yo las miro. Me viene bien el descansito pero hubiera deseado que no hubiera vacas. Paso de nuevo vigilando y preparada por si tengo que salir pitando. Miro las posibilidades de subirme a un árbol o saltarme una valla. Por fin me aparto de ellas y comienzo de nuevo a correr.
La calor se hace sofocante, apenas tengo agua y sé que me queda aún algún que otro km.
Ya veo el pueblo de lejos y me pongo contenta. Los últimos dos kms son cuesta arriba y ya las piernas notan los kms que llevo hoy. Menos mal que hay sombrita y voy recuperando un poco. Tengo que hacer ese trayecto más lento, pero ya no me importa porque sé que voy a llegar a la meta de mi tercera etapa.
Llego a Cañaveral, no antes sin la nueva amenaza de la mirada de una vaca que está al final del camino, pero dentro de un campo. Paso en plan valiente y sigo. Ya he llegado al pueblo.
Al llegar ya han vaciado la laguna y unos jóvenes están limpiándola. Me detengo en la fuente y me refresco. Atrás se quedan mis rezos por las vacas, mis rezos por el difunto y también algún que otro padrenuestro por mi familia y amigos.
Llego a mi coche de nuevo orgullosa y feliz por haber sumado unos kilómetros más a mi particular camino.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Camino de Santiago, 2ª etapa

Hace dos días empecé el camino. Tengo ganas de seguir, pero no sé cómo hacer con el tema de la vuelta. Aprovecho y mi cuñado Manolo se ofrece para llevarme al pantano que es donde dejé el día anterior. Él se lleva su bicicleta y decidimos que él hará el camino de vuelta en bici para cruzarnos y así me acompañará.
Empiezo a correr. Hace mucha calor. Hoy hemos salido más temprano y es axfisiante. Me pesan las piernas y empiezo a pasarlo mal. Me pongo a rezar para que sean más fáciles los pasos que voy dando y así distraigo a mi mente. Los primeros 4 kms son cuesta arriba. Llego a la primera conchita y me da mucha alegría llegar, pues también se acaba la cuesta y la carretera calurosa y empiezo a correr por carril. No llevo más que un km por el camino cuando llega Manolo en bici. Me da agua y bebo.
No puedo ni respirar, el sol me da de frente en toda la cara, no hay ni una sombra y los primeros kilómetros me han dejado KO. Manolo sigue a mi lado pedaleando, pero yo no puedo más. Y decido abandonar a los 5,600 m. No he podido llegar a Cañaveral, como era mi plan, pero no me importa, creo que lo importante era salir y he sumado unos kilómetros más. En la próxima etapa llegaré.
Me vuelvo andando hasta la conchita mientras que él vuelve a por el coche. Me fastidia un poco haberle hecho pedalear para nada. Pero no me derrumbo por no poder seguir.
Ya en la concha me hago una foto. Es la primera foto que me hago con uno de esos preciosos azulejos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Camino de Santiago, 1ª etapa

Hoy es agosto, hace una calor importante, pero no dejo de darle vueltas a la idea de ir hacia Santiago de Compostela corriendo. Hace varios meses, un día que me fuí a entrenar al pantano, me encontré con el azulejo de una conchita, de las que te van guiando en el camino. Fue una sorpresa, porque no me lo esperaba. Hice el Camino de Santiago andando desde Sarria hace tres veranos, y desde entonces quiero hacer un tramo corriendo, al menos de 100kms.

Hoy me he decidido y sin pensarlo mucho me he preparado y cogido rumbo hacia Santiago.
Mi primera etapa es de 10kms. aproximadamente, desde Aracena hasta el pantano. Me voy por la carretera que va hacia Carboneras. Prefiero coger la carretera por si no puedo realizar mi sueño. El camino se hace fácil, la mayoría del tiempo es bajada. A unos dos kms de la meta empieza una cuesta que me hace pasar "las canutas", porque no me la esperaba y porque no llevo agua y hace mucha calor, a pesar de ser ya más de las 8 de la tarde. Cuando llego al cruce ya sé que me queda poco y que mi sueño se va a hacer realidad. Veo el pantano y mis piernas notan la felicidad que ronda por todo mi cuerpo. Me siento muy feliz, realmente estoy muy orgullosa. Lo he conseguido.
Llego al pantano y disfruto de las vistas, de ese agua tan tranquila, de esa paz en ese silencio tan inmenso.
Hay una pareja pescando en el puente, me miran extrañados. Debe ser por mi cara tan roja de tanta calor. Yo sin embargo, me siento estupendamente.
Mi amiga Carmen va en esta ocasión a buscarme en su coche. Como toda etapa del camino, siempre hay un percance y en esta ocasión sucede al final. Aparcamos el coche y nos hacemos algunas fotos para el recuerdo. Cuando de pronto vemos que el coche se ha movido, y se ha quedado atravesado en mitad de la carretera invadiendo el carril derecho. Salimos a correr y nos pegamos un buen susto, porque podía haberse caido al agua. Me da por pensar si no será eso una señal para que abandone mi aventura antes de que sea tarde y salga perjudicado alguien. ¡Dios dirá! Si Dios quiere haré la segunda etapa.